martes, 16 de diciembre de 2008

MUCHACHA OJOS DE PAPEL Y LABIOS DE AYER


Dedicado a D.R. (Donde te encuentres)

Te has ido en silencio, y sin mirar atrás.
Finalmente he entendido el significado de la palabra “Te extraño”, y para que sepas que realmente te extraño, todo aquello que empezamos a compartir y a construir desde ese domingo cuando nos encontramos en la calle, y que ahora siento tan distante, sigue en el mismo lugar.
A un lado de mi cama está la bandera de tu carne, y en la almohada, el rastro de los besos fugitivos que lograron escapar de las hojas del libro que leíamos cuando comenzamos a ser el uno del otro.
Recuerdos crujientes como música para sordos, otras veces húmedos y atravesados por tus miradas, quizás las últimas, y esa sensaciòn que todavìa me lleva a creer que escucho tu voz, y que escalo en tu compañía la cima de tus volcanes a punto de explotar. Hoy puedo decir que fue maravilloso vivir nuestra propia Pompeya.

Viendo tus labios tan cerca de los míos, dudé muchas veces de mi cordura, pues durante nuestras lecturas no sabía si eras real, o si por el contrario eras el producto de mis soledades y de la impresión que me causaste al imaginarte desamparada.

Arriba de la hoja que rasgaste (¿Por qué lo hiciste?), está la huella visible de tus labios, y el rastro invisible de tu nariz y de tus ojos. Puedo imaginarlos, como también puedo imaginar que hacia el sur están tus pechos, tu vientre claro y oscuro, tu Monte de Venus, y las voces reconstruidas de los que admiraron tu paso y alborotaron sus sentidos pensando que podían comprar tu cuerpo para tener historia.

Reminiscencias distantes que me han permitido construir una vida nueva, un espacio en el que por mi condición de soñador, tendré cabida, y reflexiones sobre la vida, las que he podido desmenuzar gracias a que la muerte me trajo en este amanecer, momentos de cordura y de sensibilidad, aunque te confieso, me gusta màs el desatino.
Como ves, soy tu único doliente en este albor de soledades, y lo único que me ata al mundo que dejaste, es el tictac desesperante del reloj que adorna la pared del salón al que he venido a verte por última vez.

Son las seis de la mañana del primer día de los muchos que no estaremos juntos, y pareciera que en este lugar que ahora hace parte de mi historia, el tiempo no transcurre, y que lo único cierto es que en la barca siempre habrá espacio, y que solo ayer decidiste pedirle al barquero que te trasladara a la otra orilla para que yo viviera atormentado con tu recuerdo.

¿Eres mejor que las anteriores? Pasión insospechada. ¿A cuál de todos mis amores te pareces? No lo sé. Soy insaciable, y como no volveré a tener noches llenas de besos y amaneceres húmedos vividos durante mis marchas a través de las cordilleras y valles de tu cuerpo, tampoco quiero hacerme daño recordando tu olor y el sonido de tu ropa deslizándose lentamente por tu cuerpo ansioso.

No te olvidaré (A la fuerza quizás lo haga). No ahogaré lo que me queda de ti en muchas tazas de café y en una cama sin tender, y quiero que sepas, que de ese ayer que compartimos, solo quiero retomar vicios que me enloquezcan y me lleven a la muerte para poder estar contigo en el mundo de papel que construiste.

Viéndote yerta, distante y vestida de blanco, he recordado que nadie supo que la opacidad de tus ojos y el inconfundible aroma de la cadaverina y los antisépticos que luchaban contra los tejidos que se morían, estuvieron acompañados de las consabidas preguntas que se hacen en los hospitales cuando alguien muere, y que yo respondí sin conocerte, aunque me hubiera gustado que hubiera sido diferente. Nunca sabrás que tuve que reinventar tu historia a partir del pasado efímero que tuvimos, y de un presente que con el transcurrir de las horas luchó por su existencia. ¿Cómo se llamaba? ¿Cuántos años tenía? ¿Cómo pasó? ¿Dónde vivía? ¿Es usted familiar? Firme aquí que enseguida lo llamamos.

Querida mía. Ya vives en el lugar en donde las estrellas descansan después de haber compartido el amor de los enamorados. No regreses, quédate en las profundidades de la Vía Láctea, escucha el sonido distante de los cazadores y sus perros. Ocúltate detrás de los menhires. No permitas que vean tu tristeza de mil años, ni tu alma de niña ahogándose en el río negro que corre victorioso.

Hace frío en esta mañana. Ya no podré besar tus senos por encima de los velos que se movían en tus muelles. Nunca más podré disfrutar de sus movimientos de sauce ni de sus aureolas en calma, las que como si fueran nenúfares, flotaron en tus gotitas de sudor. No podré entregarte los aretes que le faltan a la luna, tampoco podré hacerte un collar para tu cumpleaños con las chispas de rocío que las arañas esconden en los vértices y en las líneas rectas de sus redes. El viento llegó primero.

El color de la nieve y sus cristales fríos, reposan sobre tu cuerpo. Tengo la voz quebrada, y he perdido mi libertad con tu partida. Tú en cambio comenzarás a disfrutarla eternamente en medio de monolitos blancos, flores marchitas, fechas de nacimiento y de muerte.
Ya no me importará que tu vestido blanco esté cubierto de tierra y de gusanos, pues podré volver a soñarte cada vez que abra el libro y me encuentre con tus besos olvidados.

Este escrito está inspirado en los besos que encontré abandonados en un libro de la obra completa de Arthur Rimbaud (Prosa y Verso), y que D.R. dejó sobre las páginas que le dieron vida a las denuncias que aparecen en “Bárbaro”, y en las que le cantaron a la muerte en Ofelia”.

Medellín, Mayo 14 de 2007

1 comentario:

Rembrandt dijo...

Lukas , casi no tengo palabras para decirte la emoción que sentí leyendo tu relato , es por momentos tan sensual, póetico, melancólico, nostálgico .... triste.

No digo que me sorprende tu escritura xq ya me acostumbré a tu forma exquisita de narrar , pero sí que cada día me gusta más entrar a tu casa. Siempre lo hago como más me agrada, despacio y sin hacer ruido mientras busco ese lugarcito que me encanta para leerte a solas.
Tus palabras así lo ameritan , una atención total.

Te beso y lo mejor para vos.