jueves, 19 de febrero de 2009

INVICTUS









Desde la noche que sobre mi se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia
nadie me vio llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.

William Ernest Henley (1849 – 1903)

Después de escribir una copia del poema Invictus escrito en el año de 1875 por William Ernest Henley, Timothy McVeigh de 33 años se despide, y muere en silencio con los ojos abiertos, y respirando profundamente a las 07:14 del 11 de Junio de 2001 en la prisión de Terre Haute, Indiana, después de que le fuera aplicada una inyección letal compuesta por Tiopental Sódico, Bromuro de Pancuronio, y Cloruro de Potasio. Había sido condenado a muerte por el atentado al edificio Federal Alfred P. Murrah

1 comentario:

saroide dijo...

Una vez leí que la inyección letal provoca un sufrimiento brutal, que no es para nada indolora como se cree. Sientes un dolor indescriptible y no puedes mover un músculo; es una de las peores muertes.
Y cuántas personas lo habrán sufrido sólo por ser pobres y tener malos abogados, siendo inocentes...

Magnífico texto. Un besín.