miércoles, 25 de marzo de 2009

DE REPENTE













Para llegar hasta tu reino, viajé durante muchos amaneceres en los cuales tuve que enfrentarme a igual cantidad de horizontes, y durante mi recorrido desperté hálitos vivos y tibios en los que pude observar que el color negro tenía un azul, y el azul un opaco en el que escuchaba llorar a la nostalgia.

Luego a tu lado abracé el alba del invierno y sentí tu coraza de flores. Supe que eras cierta y te dije que me gustaría amasar la noche contigo y salir disfrazado en la mañana de horizonte, y que si llegaba otra noche, nos sentáramos en un cacho de la luna antes de amarnos para que me hablaras cuando callabas, porque estabas como ausente.

Hubiera querido decirte que acariciaba la idea de ser tu séptimo sentido, el nudo en tu garganta, la silla que te aguanta, tu peine de color, contar contigo.
También quise decirte que dobláramos las calles para guardarlas en cajitas de colores sin que nos importara la lluvia y el desorden de la gente.
Quise decirte que sembráramos guayabas, quise decirte que quería ser el calcio que te dan tus vitaminas, y que al final, si estábamos juntos, ser el cordón umbilical de tus zapatos.

De repente de la risa se hizo el llanto silencioso y blanco como la bruma, y de las bocas distantes nació el adiós.
De repente de la calma se hizo el viento que de los ojos deshizo la última llama, y de la pasión se hizo el presentimiento, y del momento inmóvil se hizo el drama.
De repente, no más que de repente, se volvió triste lo que se hizo amante, y solitario lo que se había hecho contento.
De la amiga próxima se hizo el amor distante, y se hizo de la vida una aventura errante.
De repente, no más que de repente.

Luis Carlos Bonilla Sandoval – Marzo 24/2009

1 comentario:

Poeta Carlos Gargallo dijo...

Hola amigo Luís Carlos, pásate por mi blog, tengo un premio para ti, un abrazo.