Mostrando entradas con la etiqueta Entreluces. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Entreluces. Mostrar todas las entradas

domingo, 30 de enero de 2022

 




CARTA PARA JULIA

Amada Julia:

Esta mañana mientras inmortalizaba el ayer en tus cartas, y miraba la foto de carné que me regalaste cuando partí, he entendido el significado de amor, tiempo y distancia, sentimientos que estuvieron guardados con tus recuerdos en la cajita de madera que me entregaste para mi cumpleaños, y hoy mientras camino hacia el ocaso inevitable de mi vida, afortunado soy al haberme encontrado con tu recuerdo, porque también he podido evocar la noche en la que atrapamos algunas luciérnagas para hacer un farol.


En este entreluces de colores sepias y de nostalgias que comienzan a perderse, también he revivido la tarde en la que siendo muy chicos, intentamos contar las mariposas que trazaban círculos sobre la superficie del estanque al que íbamos para ver zarpar barquitos de papel.

Mientras te escribo, siento que he comenzado a desvanecerme en medio de los matices cobrizos que ingresan por mi ventana, pero antes de que esto me suceda, quiero confesarte que tengo conmigo la hoja de cuaderno que nunca te di, todavía se puede ver en ella, el corazón que dibujé, y en su interior nuestros nombres escritos con un lápiz de color rojo.


El señor tiempo pasó sin darme cuenta, y mientras se dirigía hacia el sol que se dibuja sobre un horizonte que no volveré a ver, pude terminar la que quizás sea mi primera y última carta para ti.

Es lindo y es triste, pero las luciérnagas que aún guardo en el interior del farol, han comenzado a pintar de luz el pedacito de noche que aún me queda, pues mañana no estaré para ver un nuevo atardecer.


Tuyo siempre,

Pablo


Posdata 1: Aunque el amor entre los dos se llenó de besos ausentes, adjunto a ésta, encontraras tu fotografía, y la hoja del cuaderno que nunca te entregué.

Posdata 2: Si todavía me amas, te estaré esperando al final del arco iris.



Luis Carlos Bonilla Sandoval – mayo 9/2009

Fotografías: LCBS - Toscana (Italia)


jueves, 20 de mayo de 2010

LLUEVE, NO ESTÁS CONMIGO, PERO SUENA UNA DE BOB MARLEY





Son las cinco de la tarde de un domingo de garúa, de pinceladas grises en el cielo,
de vidrios empañados, de golondrinas sin verano, de recuerdos de vos, de cartas amarillas, de último café, de palabras gastadas, de libros sin abrir, y de instantes que trato de atrapar en hojas sueltas. Es como si todo lo que me conmueve, hubiera llegado sin freno para decirme que no existe felicidad de veinticuatro horas, y que tu nombre dejará de vivir conmigo cuando termine de escuchar el MP3 que te grabé cuando dijiste que me estabas queriendo más que ayer, pero menos que mañana.

Mientras observo la ciudad y sus tejados a través de los vidrios salpicados por el llanto de un invierno que no cesa, he sentido la necesidad de buscar tu olor y las líneas de tu cuerpo en la camisa azul que usaste la última vez que estuvimos juntos, tus suspiros en mi almohada, tus besos en la servilleta que me diste con las huellas de tus labios, tu nombre en mi libreta de teléfonos, y tus canciones en las mías, pero no se quien se quedó con lo amado.

Para espantar la soledad ahora que los arreboles comienzan a matizar la tarde, he dibujado sobre el vidrio empañado de mi ventana, un corazón con tu nombre en su interior, pero al hacerlo, sólo he conseguido imaginar tu ausencia quitándole color a las tardes de mis sábados, y sentir desde ya, que no tendré ni siquiera el recuerdo distante de tu risa para pintarlas en domingo.

La llovizna pertinaz y el olvido deshojado dando vueltas por los rincones de la casa, hacen interminables las horas de este día, pero creo que podré mitigar un poco mi desesperanza y la nostalgia que todo lo invade. Accidentalmente he encontrado en la tele la transmisión en diferido de un concierto de reggae con los antiguos “The Wailers” de Bob Marley, y están interpretando “No woman no cry”, canción que le ha dado otro color a mi alma en este entre luces, pues mientras escucho los coros de los músicos, los silbidos y los aplausos del público, la batería y los platillos marcando el ritmo, las congas reventando corazones, y los teclados dándole la cadencia a la melodía antes de que empiece a llorar la guitarra, ha comenzado a desfilar por mi mente la mañana de un enero cuando bailamos esta canción en tu cocina en medio de besos, tallarines, queso parmesano, y rodajas de tomate.

Luis Carlos Bonilla Sandoval

Fotos: Luis Carlos Bnilla Sandoval http://colordelalamdera.blogspot.com

     DIATRIBA FRENTE AL ESPEJO®   Como sabía que en el Taller de Literatura de la universidad, el profesor me iba a preguntar el signi...