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miércoles, 14 de octubre de 2009

TE ROCKUERDO DESDE LA BAÑERA



















































Quiero que sepas que si estuviera afectado por tu partida, y por la conversación telefónica que sostuvimos después de que te llevaste las cosas que teníamos en la mansarda, a excepción de mis discos de rock y los afiches de The Beatles, no estaría en la bañera tratando de introducir mi patito de caucho dentro de una pompa de jabón mientras vivo la sicodelia de los diez y siete minutos y cinco segundos de la canción “In-a-gadda-da-vida” de la banda Iron Butterfly. Escuchar esta versión larga ha sido una buena estrategia para olvidarte, y para que no me tiemble la voz cuando deba decirte que ya no anhelo cruzar contigo el universo dentro del bus multicolor que estuvo en Bethel.

Ayer mientras buscaba un disco perdido de John Denver con el que esperaba darle un color diferente a mis nostalgias, encontré las flores y el signo de la paz que me hiciste con papel mache aquélla tarde en la que escuchábamos “Reflections of my life” del grupo The Marmalade, y mientras las contemplaba, reconstruí el momento en el que te dije que la melodía de la canción no tenía nada que ver con la traducción al español que algunas emisoras hacían de la letra, recordando además que después de que te hice este comentario tan simple, tuviste tus primeras pataletas de adulto, pues apagaste la grabadora para decirme que habías pasado el examen de admisión en la universidad, que estudiarías derecho y ciencias políticas, y que nunca más volverías a usar jeans ni a rockear conmigo porque esto no va con la rigidez de la “Teoría Pura del Derecho” de Hans Kelsen, y mucho menos con tu nueva vida de estudiante respetable.
Menos mal que no aprendí a interpretar la guitarra que me regaló mi papá. Pienso que hubiera cometido un error apagando la última estrella mientras te componía un Blues triste para hacerte ver que estabas equivocada. La melodía y la letra tan personal, habrían sido con el tiempo mi dolor de cabeza. Prefiero soñarte con “Like a rolling stone” de Bob Dylan, aunque sé que nunca te gustó la voz de este cantante.

He pensado que después de que termine de bañarme, y que el patito de caucho se haya salido de la pompa, te llamaré. Pero lo que no sabrás es que lo voy a hacer porque te extraño, y que el pretexto será el de averiguar por el paradero de las revistas Life que guardaba en mi clóset, sobre todo por aquéllas en las que aparecen en sus carátulas los Cuatro de Liverpool, los astronautas del primer viaje a la luna, las fotos de la alternativa de Manuel Benítez “El Cordobés”, los estragos del Napalm en guerra del Viet Nam, y las fotos del Ché en Bolivia. Pero si para cuando te llame estás ocupada preparando tus exámenes finales, no te preguntaré por las revistas, te hablaré de la nueva franela que compré en una venta de saldos para reemplazar la gris de Mickey Mouse que nunca te gustó, pero no te haré comentarios de mis tenis Adidas, ni de mis Levi’s 501. No te gustará saber que los primeros perdieron parte de la suela como me lo pronosticaste, y los segundos están llenos de rotos y parches alusivos a bandas de rock.

Si hubieras escuchado la canción “My generation” del grupo británico The Who cuando te lo sugerí, hoy estarías rompiendo guitarras como Pete Townshend, pero quisiste ser adulto, permitiendo además que tu mirada madurara. Cuando tocó la harmónica en la esquina, me dicen que vistes de sastre, que usas tacones altos, y caminas de prisa. Yo sigo usando jeans desteñidos, y tan campante como Johnny Walker.

Creo que no te he olvidado, y esto lo pude comprobar, pues mientras escuchaba “The horse no name” del grupo América, sonó el timbre y pensé que eras tú que regresabas sin tus libros de derecho, con los senos libres bajo la blusa hindú que tanto me gustaba, con algunas margaritas enredadas en el pelo, y haciendo el signo de la paz. Pero me equivoqué. Era la vecina que venía a reclamarme porque estaba saliendo agua por debajo de la puerta del apartamento. Debió ser que dejé la llave de la bañera abierta mientras esperaba una llamada tuya.

Postdata: He aprendido a preparar el agua jabón para hacer pompas. Cuando quieras te enseño, pero por favor trae tu aro de alambre para saber quién hace la más grande.

Luis Carlos Bonilla Sandoval (Octubre 2009)


Fotos: Google


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