Mostrando entradas con la etiqueta Sombra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sombra. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de mayo de 2018

CONTINENT SILENCE




Desde la esquina, y sin pisar las líneas de la cebra
Sólo extrañaré lo irracional que de mí se escape
Dejaré que el olvido y el tiempo te pasen la factura
Abandonaré tu sombra en mis bolsillos rotos
Tu voz olvidaré en los vericuetos de un lunes desteñido
Y seré otra vez feliz en mi sordina.

No me mires así, ni me quieras en plural
Soy un pasajero sin destino y sin tiquete
El catador de desgracias ajenas, un guardián tras la cortina
Poseo un amor remendado que se moja con la lluvia,
Una plegaria personal de voces suspendidas
Y no un tengo patrimonio, sólo una bolsa de equipaje.

Dejaré mi vida quieta bajo la sombre del encino
Mi reloj fallará mientras se destejen los días
Caminaré en silencio sobre las huellas de mi historia
Y al final sólo un beso sin testigo marcará en mi ruta,
Tú quizás encuentres un hogar sin leña, una canción extraviada
Porque mi viejo cuervo y el que escribe,
Decidimos dejar atrás la estela gris de tu mutismo.


Luis Carlos Bonilla Sandoval (Nivelles - Bélgica 03/2018)













jueves, 19 de octubre de 2017

TU RECUERDO





























No sé si volverán los días de besos y vino tinto en copas nuevas,
De lluvia y chimenea, de las canciones que siempre nos gustaron,
El perro del parque, el Cine club, Tobacco Road, tus diez y seis años,
El cuervo ya no llama para el vuelo de la noche envuelto en un papel,
Mis sueños posados en tus labios, mi melancolía.

En esta mañana de zapallos amarillos y mate lavado,
Un silencio filoso se ha colado por las hendijas de la puerta,
Decapita con placer las paredes en las que colgamos imágenes de los Fab Four,
Del Gato Negro y Berenice, la Infección de Andrés Caicedo,
No suena Woman de Lennon, y Cortez no canta con Facundo.

Pienso que antes de amarte amor, nada era mío,
Ni siquiera tu recuerdo que guarde por años envuelto en una carta,
Yo caminaba pisando mi sombra para que no se me escapara
De noche era feliz aullándole a la luna,
Mientras Tomás mi gato, maullaba buscando compañera.

Pero llegaste un día de mis días, deteniendo el tiempo y lo vivido
Avivaste tu recuerdo con el mío, me enseñaste a comer Trenette al pesto
Luego partiste una mañana olvidando mis poemas sin sentido y mal escritos
Hoy no sé hasta cuándo seré un abrazo hueco, un adiós color sepia,
Un suspiro que viaja, la canción que no se olvida


Luis Carlos Bonilla Sandoval  (Marzo 27 de 2016)

jueves, 19 de mayo de 2011

CAMINANDO CON MI SOMBRA






















“En la sombra de un hombre que camina, hay más enigmas que en todas las religiones del mundo”
(Vita Sackville West)

Desde hace algún tiempo Lewis Charles Goldman ha estado obligándome a cometer los actos más degradantes que puede soportar un ser humano y estas prácticas han transformado mi vida de tal manera, que mis comportamientos extraños y violentos, me han convertido en un proscrito para mis amigos y familiares.

Debo confesar que mis desgracias comenzaron cuando decidí mudarme a una casa ubicada en la Calle 11 Sur Nº 15-120 de la ciudad de Santiago, inmueble que era mirado con cierto temor por los vecinos, quienes a su vez comentaban que en el interior de la vivienda, se ocultaba algo siniestro, sospecha que admití dos semanas después de estar habitándolo, pues fue solamente durante ese tiempo que tuve la posibilidad de descubrir que algo ó alguien me estaba generando perturbaciones que se veían reflejadas en las extenuantes escenas unipersonales que empecé a construir frente a un espejo.
“El otro en mí, el yo soy el que era más otro” me había advertido que un día cualquiera, caeríamos en una escisión de personalidades de la que solo uno de nosotros saldría con vida.

Con el paso de los días empecé a experimentar alucinaciones autoscópicas que me ubicaban en el espacio exterior desde donde podía ver a una persona exactamente igual a mí, emergiendo de mi sombra. Mi otro yo comenzó a mentirle a todos los que me conocían, a especular con la apariencia prefabricada de un escritor bohemio que sabía hablar del amor que predicaban los poetas, que disertaba con la misma facilidad de la vida y de la muerte, que hablaba con apasionamiento de mundos y culturas desconocidas y cuando notaba que me había destrozado con sus actos, mis actos, empezaba a decirme en medio de burlas que si iba a pasarme la vida ocultando lo que soy, ésta nunca me daría lo que yo estaba buscando.

Mis pensamientos y emociones dejaron de pertenecerme para convertirse en el escondite de Lewis Charles Goldman, quien a su vez comenzó a transformarlos en un espacio desarrollado sobre la base del Binomio de los opuestos.

Dentro de los penosos acontecimientos de mi diario vivir, había uno en particular que se presentaba cuando trataba de acercarme a mis compañeros de estudio, ya que en esos momentos y sin que lo pudiera evitar, lo hacía mi sombra desnudando de manera descarada emociones y sentimientos que yo no podía controlar. Las vejaciones hacia mis amigos y familiares, fueron aumentando en la medida en que se hacían más frecuentes mis conversaciones con Lewis Charles y mi moral o lo que quedaba de ella, a ser absorbida por este oscuro personaje.

A pesar de mis desventuras había retomado mis actividades en el Taller de literatura y esta labor tan placentera, me hizo sentir otra vez que estaba vivo, que podía amar, creer, disentir y aceptar sin excluir, motivaciones y sensaciones maravillosas que me hicieron pensar que Lewis Charles Goldman comenzaba a abandonarme. Esto último lo creí una noche cuando me dijo sin ninguna clase de recato, que mientras yo perdía el tiempo en el Taller Literario y detrás de algunas tazas de café, él recorría callejones sórdidos en los que daba rienda suelta a todas las bajas pasiones.

Y fue en una de ésas noches mientras conversábamos de cosas que nos eran comunes, que comprendí, que la interpretación paranormal que le estaba dando a la visión de estar frente a él, estaba dejando de ser algo mío. Mi vida retomaba su curso.

Un amanecer mientras dormía, escuché ruidos que parecían provenir del interior del mueble de madera de dos naves que utilizo para guardar mi vestuario, y como he tenido la costumbre de tener bajo la almohada un puñal, lo tomé con la mano derecha, me encaminé hacia el guardarropa y abrí las puertas, pero cuál no sería mi sorpresa, en su interior se encontraba Lewis Charles Goldman vestido con mis jeans nuevos, mi franela favorita y mis zapatos de cuero albo. Al verlo consideré que ya era suficiente, que no podía aceptar ni un minuto más su intromisión en mi vida, así que lo conminé a que me devolviera mis pertenencias y que abandonara la casa, pero al no obtener respuesta alguna, me le abalancé blandiendo el estilete y se lo hundí en el vientre hasta la empuñadura en un perfecto mete y saca que no provocó hemorragia; envalentonado y sin soltar el arma di un salto hacia atrás esperando alguna reacción para contraatacar pero viendo que permanecía inmóvil, supuse que se burlaba de mí como era su costumbre, entonces le hundí la almarada con sevicia hasta que las fuerzas me abandonaron.

Después de algunos minutos y muchos gritos de mi parte, el lugar quedó en silencio y vi que en el suelo estaban mis zapatos destrozados y mi ropa hecha jirones. Lewis Charles Goldman había muerto y yo había dejado de ser mi propia obsesión.


Luis Carlos Bonilla Sandoval - Abril 2011


Fotos: Luis Carlos Bonilla Sandoval
Locación: Playas de El Rodadero - Santa Marta (Colombia)






     DIATRIBA FRENTE AL ESPEJO®   Como sabía que en el Taller de Literatura de la universidad, el profesor me iba a preguntar el signi...