Mostrando entradas con la etiqueta mariposas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mariposas. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de enero de 2012

LOLALINDA




Lolalinda fuiste en mi barrio la mujer soñada, el placer para ver desde la esquina, la espera de cualquier día, al mismo tiempo podías ser Morella, Ligeia, Berenice, Eleonora, Annabel Lee, Maía, Maité, Juana Mayo, María Canela, cascada de suspiros, pechos duros, labios de miel, la tarde de un sábado, la brisa que no vuelve, mi amor mudo. 

Mi barrio proletario te vio nacer un día de agosto y supo que los grillos te arrullarían en las noches, luego sus habitantes te vieron correr detrás de mariposas amarillas y  crecer en medio de la ropa que bailaba con el viento en los tendederos los días de sol, entonces dijeron que comenzarías a soñar con el amor oculto en el aroma nocturno de los jazmines sembrados en las latas que colgaban de los balcones.

Los años llegaban desbocados y te hacías mujer, la más bella de todas, pero nadie supo quien te besó por primera vez, aunque llegó a decirse que había sido un trompetista de jazz que te llevó para el sur de la ciudad un fin de semana prometiéndote un caracol dentro del cual vivía el viento, si le dejabas escribir una canción sobre tu piel, y en tus labios las notas musicales de una melodía que fuera al mismo tiempo un gemido de doncella y el sudor que no se olvida.

Comencé a buscarte en los bares insomnes, en el fondo de botellas de cerveza, en el paño verde de la mesa de billar y en los boleros de Ledesma. Te convertiste en mi grito de gol anulado, en mi cinefilia solitaria y en mis versos sin rima, soñaba besarte en los radios de mi bicicleta, en las manzanas de la frutería, confesar que te imaginaba con una flor para mascar enredada en tu cabello mientras caminabas por el barrio dejando un reguero de suspiros y el aroma que se desprendería de tu cuerpo cuando el viento de las cuatro de la tarde levantara tu vestido, también imaginé que podía pintar un amanecer diferente para regalártelo, esconderme entre tus pechos, caminar tus muslos, llenar los muros solitarios del barrio con tus iniciales y ser la estrella de una telenovela para poder decirte que el mañana puede ser mejor que el presente. 

Pero el tiempo y sus prisas llegaron para llevarse mis años y los tapiales de mi barrio, para decirme que éste ya no era un continente por descubrir, y que sus esquinas habían dejado de ser una puerta hacia la aventura.

¡Ay Lolalinda! espejo de un amor hecho distancia! desierto en el que mi fe se perdió casi hasta olvidar tu nombre, sé que te voy a encontrar y mientras esto sucede, voy a vivir de tus recuerdos para que el día que estemos juntos, limes con tus besos guardados durante años, los afilados bordes de mi angustia de vidrio, y ocupes con abrazos los espacios en donde mi pena exista. Te demostraré entonces, que seguimos siendo iguales aunque los años entre nosotros hayan pasado, y descubrirás conmigo que el tiempo es sólo una invención del hombre, y que no seremos condenados por haber inventado el cómo condenar.

Luis Carlos Bonilla Sandoval - Enero 08/2012

Fotografías: Luis Carlos Bonilla Sandoval
                   

sábado, 9 de mayo de 2009

CARTA PARA JULIA





En esta mañana mientras miraba tus cartas y la fotografía que me entregaste cuando partí, he entendido el significado de amor, tiempo y distancia.
Tu recuerdo estuvo perdido con las esquelas durante muchos años, y hoy mientras camino hacia el ocaso de mi vida, afortunado soy al haberlas encontrado en el fondo de la cajita de madera que me regalaste la noche en la que atrapábamos luciérnagas para hacer una lámpara.

En este entreluces de colores sepias y de nostalgias que comienzan a perderse en las calles y en los techos de mi barrio, también he recordado la tarde en la que siendo muy chicos, intentábamos contar las mariposas que trazaban círculos sobre la superficie del estanque al que íbamos a ver zarpar barquitos de papel.

Mientras te escribo, siento que he comenzado a desvanecerme en medio de los colores cobrizos que ingresan por mi ventana, pero antes de que llegue el final, quiero confesarte que tengo la hoja de cuaderno que nunca te di. Todavía se puede ver el corazón que dibujé, y en su interior, tu nombre y el mío escritos con un lápiz de color rojo.

Todo tiene su final, nada dura para siempre. El señor tiempo ha pasado sin darme cuenta, y mientras caminaba con su prisa hacia el sol que se dibuja sobre un horizonte que no volveré a ver, he podido terminar la que quizás sea mi primera y última carta para ti.

Es lindo y es triste, pero las luciérnagas que aún guardo en la cajita de madera, han comenzado a pintar de luz el pedacito de noche que aún me queda. Mañana no estaré al atardecer.

Pablo


Posdata 1: Aunque el amor entre los dos se llenó de besos ausentes, adjunto a ésta, encontraras dos fotografías, y la hoja del cuaderno que nunca te entregué.

Posdata 2: Si todavía me amas, te estaré esperando al final del arco iris.


Luis Carlos Bonilla Sandoval – Mayo 9/2009

Fotografia: Luis Carlos Bonilla Sandoval

sábado, 25 de abril de 2009

CONVERSACIONES CON EL VIENTO









Hoy el viento me habló desde el fondo del bosque, y dijo muy convencido, que no volverás, que debo eliminar de mi diccionario el verbo volver, y aprender a conjugar uno que se llama olvidar.

Quiero que sepas que tu recuerdo es más grande que todo aquello que no tiene explicación lógica, y que no he querido escuchar lo que se dice en la floresta, aunque el viento ha estado insistiendo en dejar una estela de letras y de frases cada vez que camina en medio de las hojas de los árboles, y sobre las aguas del estanque en donde se bañan las libélulas y las mariposas que nunca pudimos contar.

Parece cosa de locos, y es posible que no me creas, pero mientras negaba la posibilidad de escucharlo, aprendí a hablar en el idioma de los fenómenos naturales que llegan y se van de casa, y en el lenguaje abstracto de las hojas que cubren el camino que tantas veces recorrimos.

-Brisa. ¿Volverá?
-No lo creo. Pregúntale a las hojas-
-Hojas…
-No sigas. Bien sabes que no puede retornar quién nunca estuvo.
-Dime atardecer. ¿Volverá?
-Es imposible que lo haga. Su recuerdo se fue más allá del sol de los venados.
-Arreboles. Son ustedes mi última esperanza ¿Volverá?
-No. Ya pintamos el atardecer, y sólo vimos la silueta de tu ciudad, más no la de ella.
-¿Entonces qué debo hacer?
-No hagas nada. Vuelve a la brisa. Pregúntale de nuevo, mira las hojas, tócalas, busca en ellas los pasos perdidos, escucha al atardecer, y sí nada comprendes todavía, entonces el viento habrá de repetirte lo que no has querido aceptar.


El tiempo ha pasado entre nosotros, y la vida con algunos de sus colores, sigue en el mismo lugar en donde la dejaste. Continuo escribiendo, no se sí mejor o peor, y la puerta cómo te lo dije alguna vez, permanece abierta por si quieres volver.
Quiero que sepas que aprendí a apagar la estufa, y que cuando lo hago me acuerdo de tí. También aprendí a preparar café.

Luis Carlos Bonilla Sandoval – (Santa Elena, Abril 19/2009)

     DIATRIBA FRENTE AL ESPEJO®   Como sabía que en el Taller de Literatura de la universidad, el profesor me iba a preguntar el signi...