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martes, 28 de noviembre de 2017

MI SON DE OTOÑO

 




















MI SON DE OTOÑO

Mi son se cubrió de otoño
De recuerdos lejanos salpicados de ocre y miel
De un color gris que solo la melancolía entiende
De hojas caducas y encinas muertas

Mi son está hecho con imágenes rotas y mi voz ceniza
De un verde distante y muy poco ruido
De notas tristes, exilio de cuervos
De tardes trémulas y mi corazón de tiza

Canta la garúa anónima mi son en noviembre
Busco una mano, un cuerpo, la melodía perdida
Tamujas que giran, humarada de otoño,
Papalote perdido, nadie me ve.

Luis Carlos Bonilla Sandoval (Nivelles – Noviembre

sábado, 9 de marzo de 2013

LUNA DE MAYO







Vas a regresar con el beso que extraño y cien abrazos,
con ese deseo al que le temo porque el tiempo ya me alcanza,
me reclamarás tu silueta en nuestra cama y la bufanda,
los aretes que le faltan a la luna, la Rosa de los vientos,
la Línea Ecuatorial, los anillos de Saturno, 
mis caminos sin orillas, tu lluvia de Abril
luna de Mayo.

Entonces sabrás que mi soledad está hecha de nubes rotas, 
de ropa que se reseca al sol y baila con el viento,
de poemas sin  color y fotografías silenciosas,
de la quietud de un portátil y el silencio del Skype,
de la orfandad reposada de un café frío
y la paciencia mustia de un croissant envejecido.

Y cuando llegue la noche voy a preguntarte,
si debo abrir los brazos para estrujar tu ausencia,
olvidar el olvido, amarrar las horas, envolver la luna en la cortina
recontar las once letras de tu nombre, esperarte en las manzanas
aprender un arte para poder amarte,
o escribir un correo con diez adjuntos cuando partas de nuevo.



Luis Carlos Bonilla Sandoval
Marzo 09/2013



lunes, 11 de febrero de 2013

L'ARÔME DE TON ABSENCE






Hoy quería escribir diferente, pero no soy poeta
sólo necesitaba disfrutar de una lluvia de zapallos y un domingo amarillo,
de las hojas secas que ruedan sin prisa,
del canto verde del bambú, la soledad azul, la cafetera,
el aroma que dejaste en tu almohada y en la mía.

Pero no pude, en el invierno todo es distinto, hasta las viejas canciones,
las gotas de agua en las hojas, tu nombre en mi boca, el sonido de la puerta, el aire que respiro.
Sólo me queda tu recuerdo, el que vive en el espacio y en las velas que encendías,
en tu última copa de vino, en el humo de tu primer cigarrillo,
en el piano de “Oh my love” de John Lennon, en “Night calls” de Joe Cocker,
 en la guitarra acústica y la voz de McCartney, " My Valentine "

¡Voila! tus semillas germinaron, hay flores nuevas
se caen las guayabas, ha vuelto la ardilla,
no hay Bolognesa, ni aceite de oliva, tampoco tomates,
suena“Morning has broken” recuerdo a Cat Stevens,
estiro mis brazos, no estás ya conmigo.

Necesito que regreses,
que abras tu equipaje y saques un te quiero,
que me pidas un café si es lo que prefieres,
y cuando suba la tarde, por favor suelta las amarras, quema los navíos,
amémonos más allá del alba, sin prontas despedidas,
bajemos las laderas del Vesubio, crucemos tus valles y el cauce de tu rio,
explotemos juntos en el sur de tu geografía.

PD: No me importa que fumes

Luis Carlos Bonilla Sandoval
Fotografías:  Luis Carlos Bonilla Sandoval


sábado, 25 de abril de 2009

CONVERSACIONES CON EL VIENTO









Hoy el viento me habló desde el fondo del bosque, y dijo muy convencido, que no volverás, que debo eliminar de mi diccionario el verbo volver, y aprender a conjugar uno que se llama olvidar.

Quiero que sepas que tu recuerdo es más grande que todo aquello que no tiene explicación lógica, y que no he querido escuchar lo que se dice en la floresta, aunque el viento ha estado insistiendo en dejar una estela de letras y de frases cada vez que camina en medio de las hojas de los árboles, y sobre las aguas del estanque en donde se bañan las libélulas y las mariposas que nunca pudimos contar.

Parece cosa de locos, y es posible que no me creas, pero mientras negaba la posibilidad de escucharlo, aprendí a hablar en el idioma de los fenómenos naturales que llegan y se van de casa, y en el lenguaje abstracto de las hojas que cubren el camino que tantas veces recorrimos.

-Brisa. ¿Volverá?
-No lo creo. Pregúntale a las hojas-
-Hojas…
-No sigas. Bien sabes que no puede retornar quién nunca estuvo.
-Dime atardecer. ¿Volverá?
-Es imposible que lo haga. Su recuerdo se fue más allá del sol de los venados.
-Arreboles. Son ustedes mi última esperanza ¿Volverá?
-No. Ya pintamos el atardecer, y sólo vimos la silueta de tu ciudad, más no la de ella.
-¿Entonces qué debo hacer?
-No hagas nada. Vuelve a la brisa. Pregúntale de nuevo, mira las hojas, tócalas, busca en ellas los pasos perdidos, escucha al atardecer, y sí nada comprendes todavía, entonces el viento habrá de repetirte lo que no has querido aceptar.


El tiempo ha pasado entre nosotros, y la vida con algunos de sus colores, sigue en el mismo lugar en donde la dejaste. Continuo escribiendo, no se sí mejor o peor, y la puerta cómo te lo dije alguna vez, permanece abierta por si quieres volver.
Quiero que sepas que aprendí a apagar la estufa, y que cuando lo hago me acuerdo de tí. También aprendí a preparar café.

Luis Carlos Bonilla Sandoval – (Santa Elena, Abril 19/2009)

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