jueves, 19 de mayo de 2011

CAMINANDO CON MI SOMBRA






















“En la sombra de un hombre que camina, hay más enigmas que en todas las religiones del mundo”
(Vita Sackville West)

Desde hace algún tiempo Lewis Charles Goldman ha estado obligándome a cometer los actos más degradantes que puede soportar un ser humano y estas prácticas han transformado mi vida de tal manera, que mis comportamientos extraños y violentos, me han convertido en un proscrito para mis amigos y familiares.

Debo confesar que mis desgracias comenzaron cuando decidí mudarme a una casa ubicada en la Calle 11 Sur Nº 15-120 de la ciudad de Santiago, inmueble que era mirado con cierto temor por los vecinos, quienes a su vez comentaban que en el interior de la vivienda, se ocultaba algo siniestro, sospecha que admití dos semanas después de estar habitándolo, pues fue solamente durante ese tiempo que tuve la posibilidad de descubrir que algo ó alguien me estaba generando perturbaciones que se veían reflejadas en las extenuantes escenas unipersonales que empecé a construir frente a un espejo.
“El otro en mí, el yo soy el que era más otro” me había advertido que un día cualquiera, caeríamos en una escisión de personalidades de la que solo uno de nosotros saldría con vida.

Con el paso de los días empecé a experimentar alucinaciones autoscópicas que me ubicaban en el espacio exterior desde donde podía ver a una persona exactamente igual a mí, emergiendo de mi sombra. Mi otro yo comenzó a mentirle a todos los que me conocían, a especular con la apariencia prefabricada de un escritor bohemio que sabía hablar del amor que predicaban los poetas, que disertaba con la misma facilidad de la vida y de la muerte, que hablaba con apasionamiento de mundos y culturas desconocidas y cuando notaba que me había destrozado con sus actos, mis actos, empezaba a decirme en medio de burlas que si iba a pasarme la vida ocultando lo que soy, ésta nunca me daría lo que yo estaba buscando.

Mis pensamientos y emociones dejaron de pertenecerme para convertirse en el escondite de Lewis Charles Goldman, quien a su vez comenzó a transformarlos en un espacio desarrollado sobre la base del Binomio de los opuestos.

Dentro de los penosos acontecimientos de mi diario vivir, había uno en particular que se presentaba cuando trataba de acercarme a mis compañeros de estudio, ya que en esos momentos y sin que lo pudiera evitar, lo hacía mi sombra desnudando de manera descarada emociones y sentimientos que yo no podía controlar. Las vejaciones hacia mis amigos y familiares, fueron aumentando en la medida en que se hacían más frecuentes mis conversaciones con Lewis Charles y mi moral o lo que quedaba de ella, a ser absorbida por este oscuro personaje.

A pesar de mis desventuras había retomado mis actividades en el Taller de literatura y esta labor tan placentera, me hizo sentir otra vez que estaba vivo, que podía amar, creer, disentir y aceptar sin excluir, motivaciones y sensaciones maravillosas que me hicieron pensar que Lewis Charles Goldman comenzaba a abandonarme. Esto último lo creí una noche cuando me dijo sin ninguna clase de recato, que mientras yo perdía el tiempo en el Taller Literario y detrás de algunas tazas de café, él recorría callejones sórdidos en los que daba rienda suelta a todas las bajas pasiones.

Y fue en una de ésas noches mientras conversábamos de cosas que nos eran comunes, que comprendí, que la interpretación paranormal que le estaba dando a la visión de estar frente a él, estaba dejando de ser algo mío. Mi vida retomaba su curso.

Un amanecer mientras dormía, escuché ruidos que parecían provenir del interior del mueble de madera de dos naves que utilizo para guardar mi vestuario, y como he tenido la costumbre de tener bajo la almohada un puñal, lo tomé con la mano derecha, me encaminé hacia el guardarropa y abrí las puertas, pero cuál no sería mi sorpresa, en su interior se encontraba Lewis Charles Goldman vestido con mis jeans nuevos, mi franela favorita y mis zapatos de cuero albo. Al verlo consideré que ya era suficiente, que no podía aceptar ni un minuto más su intromisión en mi vida, así que lo conminé a que me devolviera mis pertenencias y que abandonara la casa, pero al no obtener respuesta alguna, me le abalancé blandiendo el estilete y se lo hundí en el vientre hasta la empuñadura en un perfecto mete y saca que no provocó hemorragia; envalentonado y sin soltar el arma di un salto hacia atrás esperando alguna reacción para contraatacar pero viendo que permanecía inmóvil, supuse que se burlaba de mí como era su costumbre, entonces le hundí la almarada con sevicia hasta que las fuerzas me abandonaron.

Después de algunos minutos y muchos gritos de mi parte, el lugar quedó en silencio y vi que en el suelo estaban mis zapatos destrozados y mi ropa hecha jirones. Lewis Charles Goldman había muerto y yo había dejado de ser mi propia obsesión.


Luis Carlos Bonilla Sandoval - Abril 2011


Fotos: Luis Carlos Bonilla Sandoval
Locación: Playas de El Rodadero - Santa Marta (Colombia)






3 comentarios:

Rembrandt dijo...

Una acertada visión del arte ego cuando se vuelve incontrolable.
El bien y el mal son cosas inherentes al ser humano, el despertar de nuestra conciencia nos demuestra que somos duales y está en nosotros saber escoger cual es el camino a seguir.
Pero claro ... no somos perfectos, je!

Estupendo relato mi querido Luis, te estaba extrañando, pero me di cuenta que era yo quién estaba faltando a la cita, mis tiempos amigo mío, no son los mejores últimamente, así que cuando puedo me doy gustos como éste, visitar sitios que me provocan placer.

Te beso y como siempre lo mejor para vos.
REM

Qyмεяa dijo...

Es la primera vez que te leo.

Y siendo yo, no la otra que suele usarme de disfraz.
Me lo has aclarado, me has aclarado el misterio de los reproches al otro lado del espejo, las situaciones ominosas al despertar y ver como ha cambiado el mundo, como si uno hubiese estado ausente mucho tiempo !!!

Que encuentro más turbulento ha sido este, entre tus letras espiralosas y dramáticas y esta irónica temeraria que se deja manipular por una sombra endeble.

De ahora en adelante acudiré a encontrarte como quién ha descubierto un tesoro.

Anónimo dijo...

Me parecio muy bueno