
sábado 12 de diciembre de 2009
PAPERBACK WRITER

jueves 10 de diciembre de 2009
TIEMPO, DEVUÉLVEME MI TIEMPO

miércoles 18 de noviembre de 2009
SEE ME, FEEL ME, TOUCH ME

sábado 24 de octubre de 2009
MI MAMÁ YA NO ME MIMA








miércoles 14 de octubre de 2009
TE ROCKUERDO DESDE LA BAÑERA








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martes 6 de octubre de 2009
ZAMBA PARA NO MORIR
Romperá la tarde mi voz,
hasta el eco de ayer,
voy quedándome sólo al final,
muerto de sed, harto de andar,
pero sigo creciendo en el sol, vivo.
Era el tiempo viejo, la flor,
la madera frutal,
luego el hacha se puso a golpear,
verse caer, sólo rodar,
pero el árbol reverdecerá, nuevo.
Al quemarse en el cielo la luz del día, me voy,
con el cuero asombrado me iré,
ronca al gritar que volveré,
repartida en el aire a cantar, siempre.
Mi razón no pide piedad,
se dispone a partir,
no me asusta la muerte ritual,
sólo dormir, verme borrar.
Una historia me recordará, vivo.
Veo el campo, el fruto y la miel,
y éstas ganas de amar.
No me puede el olvido vencer,
hoy como ayer, siempre llegar,
en el hijo se puede volver, nuevo.
Al quemarse en el cielo la luz del día, me voy,
con el cuero asombrado me iré,
ronca al gritar que volveré,
repartido en el aire a cantar, siempre.
Canción: Zamba para no morir (Mercedes Sosa)
Imágen: Google
miércoles 2 de septiembre de 2009
YA SONRÍO COMO ANTES, HE CAMBIADO DE PENSAR






domingo 23 de agosto de 2009
ROCKCUERDOS





domingo 19 de julio de 2009
REFUGIO ARTIFICIAL
miércoles 15 de julio de 2009
PENSÁNDOLO BIEN



martes 23 de junio de 2009
NOCHE DE AMANTES ETERNOS




miércoles 17 de junio de 2009
ELEGÍA



sábado 6 de junio de 2009
NOCHE DE RONDA



La muerte anda de ronda. Ocupa todos los espacios porque sabe que todo y todos, le pertenecen. No tiene prisa, simplemente aparece. Sus métodos de selección, y de control son diversos, y al índice de su manual de operaciones, le ha anexado un nuevo capítulo: Ha descubierto cómo convertir una simple gripa en pandemia.
Supe por comentarios que hicieron en el callejón, que no tiene sexo, y que ríe cuando se entera de que las enfermedades terminales siguen vigentes, pues en estos casos siente que su llegada será más placentera. Sus herramientas de trabajo tan diversas, las ha entregado a los humanos para que las perfeccionen, y algunos escogimos la que era, y seleccionamos nuestro objetivo con tiempo suficiente para que todos los medios de comunicación hablaran de nosotros, y así poder llegar de una al salón de la fama.
Hoy recuerdo que fui contratado por unos señores de espejuelos ahumados que me pidieron que apareciera en escena como actor principal cuando un auto de color blanco, europeo y nuevecito de placas oficiales, hiciera su aparición en mi barrio durante la inauguración de una escuela que ni techo tenía. Decían que al final, después de hacer el trabajo, no habría nada más de que hablar, que cambiaría la vida en la ciudad, y que cambiaría la mía.
Sólo sabía que le tocaba perder, que era él o yo, que no me iba a entristecer cuando lo viera muerto dentro del auto como sí me sucedió cuando vi morir desangrado a Pedro Navaja en la avenida, que no tenía tiempo para echarme atrás, que el canto de la ametralladora tenía que hacer un coro celestial con el chirrido de las llantas de la moto cuando estuviéramos escapando hacia la salvación, que después frente a la escuela, sólo debía quedar la señora sorpresa haciendo conjeturas, que esperaba que nada nos fallara para poder tomarnos unos tragos con los amigos y las nenas, y que al final del día, cuando todo estuviera frío, allá en el cielo no me estuviera recibiendo mi juez.
Yo tenía quince años el día que iban a inaugurar la escuela, y Pepe diez y seis. Hoy mi amigo tiene veinte de estar muerto, no tengo los quince míos, pero sí los veinte suyos de estar sentado en una silla de ruedas con una bala de fusil R-15 incrustada en la espina dorsal, estoy más viejo y me da pena decirlo, y él sólo llegó a tener diez y seis años. Se quedó joven para toda la ternidad.
Luis Carlos Bonilla Sandoval – Junio/2009
sábado 9 de mayo de 2009
CARTA PARA JULIA
En esta mañana mientras miraba tus cartas y la fotografía que me entregaste cuando partí, he entendido el significado de amor, tiempo y distancia.
Tu recuerdo estuvo perdido con las esquelas durante muchos años, y hoy mientras camino hacia el ocaso de mi vida, afortunado soy al haberlas encontrado en el fondo de la cajita de madera que me regalaste la noche en la que atrapábamos luciérnagas para hacer una lámpara.
En este entreluces de colores sepias y de nostalgias que comienzan a perderse en las calles y en los techos de mi barrio, también he recordado la tarde en la que siendo muy chicos, intentábamos contar las mariposas que trazaban círculos sobre la superficie del estanque al que íbamos a ver zarpar barquitos de papel.
Mientras te escribo, siento que he comenzado a desvanecerme en medio de los colores cobrizos que ingresan por mi ventana, pero antes de que llegue el final, quiero confesarte que tengo la hoja de cuaderno que nunca te di. Todavía se puede ver el corazón que dibujé, y en su interior, tu nombre y el mío escritos con un lápiz de color rojo.
Todo tiene su final, nada dura para siempre. El señor tiempo ha pasado sin darme cuenta, y mientras caminaba con su prisa hacia el sol que se dibuja sobre un horizonte que no volveré a ver, he podido terminar la que quizás sea mi primera y última carta para ti.
Es lindo y es triste, pero las luciérnagas que aún guardo en la cajita de madera, han comenzado a pintar de luz el pedacito de noche que aún me queda. Mañana no estaré al atardecer.
Pablo
Posdata 1: Aunque el amor entre los dos se llenó de besos ausentes, adjunto a ésta, encontraras dos fotografías, y la hoja del cuaderno que nunca te entregué.
Posdata 2: Si todavía me amas, te estaré esperando al final del arco iris.
Luis Carlos Bonilla Sandoval – Mayo 9/2009
Tema Musical: Palabras para Julia - Liliana Herrero
lunes 4 de mayo de 2009
THE BLOGGER.COM

Nadie me lo dijo antes, pero creo que estoy enloqueciendo.
Mis noches se están disfrazando de amaneceres, y hasta podría decir que los objetos inanimados que adornan los estantes y las paredes del lugar que me sirve de vivienda, han comenzado a tener un papel importante en mi vida: hablan de lo que me conmueve, piensan en lo que me irrita, y censuran lo que me inhibe.
Durante muchas noches con sus alboradas, y parte del poco tiempo que empleo para dormir, he estado buscando en internet un día sin nombre, un día que apenas se esté construyendo para sentarme durante sus horas a escribir sin afanes, y si lo encuentro, espero dejar de una vez y para siempre las angustias que vivo durante las horas que paso frente a la pantalla del computador tratando de reinventar historias en las que me he estado introduciendo como uno de sus personajes para presionar los desenlaces.
En la búsqueda incesante de lo que quizás no existe, mi fisonomía ha cambiado tanto como mi peso corporal, y esto sumado a la pérdida de la autoestima que llega cuando no se alcanzan o se pierden los objetivos, ya se ven reflejados en mi comportamiento.
Soy un apostata que no acepta el axioma absurdo que asegura que las sombras se alimentan de las imágenes y de nuestros temores para hacernos ver lo que queremos ver.
Un nuevo amanecer está encima, y aunque tengo acumulado cansancios y frustraciones de otras noches, no quiero dejar el final de este cuento en el aire, debo seguir digitándolo, y buscar en el cielo raso, en el piso, en los pliegues de las cortinas, o en cualquier objeto que me rodee, el final para una historia en la que he tratado de estar al margen.
Si no me estuviera sucediendo lo que a continuación les voy a describir, no lo creería, pero el tiempo se ha detenido. Los objetos que adornan mi habitación, ahora hablan en lenguas desconocidas, el monitor del computador ha enloquecido, hay un conejo blanco que me llama desde el fondo de un espejo, también ha aparecido un gato que sonríe, escucho a una reina obesa que lleva puesto un vestido elaborado con naipes dando órdenes, sobre mi biblioteca veo un sombrero loco que insiste en decidir por mí, el frío se ha convertido en una mujer, y detrás de mi…estoy yo.
Y si todo lo aquí escrito parece absurdo, desde el manicomio en donde me encuentro, puedo dar testimonio juramentado a quien le pueda interesar.
Luis Carlos Bonilla Sandoval – Mayo 4/2009
miércoles 29 de abril de 2009
LAS CONFESIONES DE MINA


Quería aprender a caminar sin hacer ruido para poder llegar hasta tu lecho cuando el sol se ocultara, y cuando logré hacerlo, descubrí que levitaba, que no tenía imagen, y que mi cuerpo durante las noches de vigilia en las que te esperaba desnuda, era tan sólo un sueño que necesitaba vivir contigo en el mundo que hoy compartes con la vida.
Soy un reguero de tinta con la que podrás escribir nuestra historia.
Si ya no me amas, pero aún me recuerdas, quizás podrías empezar la primera página con esta frase: "Haber estado contigo mientras vivías, fue un privilegio que no supe valorar, porque sintiéndome seguro de tu amor, creí que no era necesario decirte que te amaba".
Hoy mis movimientos se aferran a cada uno de tus huesos para poder sentir sus crujidos cada vez que camino tu cuerpo antes de que llegue el alba. No lo sabes, pero en el lugar oscuro y vacío en el que me encuentro, y que algunos llaman eternidad, necesito que mis rodillas toquen mi cara y me consuelen.
Luis Carlos Bonilla Sandoval - Abril 29 de 2009
Fotos tomadas de internet
sábado 25 de abril de 2009
CONVERSACIONES CON EL VIENTO



Hoy el viento me habló desde el fondo del bosque, y dijo muy convencido, que no volverás, que debo eliminar de mi diccionario el verbo volver, y aprender a conjugar uno que se llama olvidar.
Quiero que sepas que tu recuerdo es más grande que todo aquello que no tiene explicación lógica, y que no he querido escuchar lo que se dice en la floresta, aunque el viento ha estado insistiendo en dejar una estela de letras y de frases cada vez que camina en medio de las hojas de los árboles, y sobre las aguas del estanque en donde se bañan las libélulas y las mariposas que nunca pudimos contar.
Parece cosa de locos, y es posible que no me creas, pero mientras negaba la posibilidad de escucharlo, aprendí a hablar en el idioma de los fenómenos naturales que llegan y se van de casa, y en el lenguaje abstracto de las hojas que cubren el camino que tantas veces recorrimos.
-Brisa. ¿Volverá?
-No lo creo. Pregúntale a las hojas-
-Hojas…
-No sigas. Bien sabes que no puede retornar quién nunca estuvo.
-Dime atardecer. ¿Volverá?
-Es imposible que lo haga. Su recuerdo se fue más allá del sol de los venados.
-Arreboles. Son ustedes mi última esperanza ¿Volverá?
-No. Ya pintamos el atardecer, y sólo vimos la silueta de tu ciudad, más no la de ella.
-¿Entonces qué debo hacer?
-No hagas nada. Vuelve a la brisa. Pregúntale de nuevo, mira las hojas, tócalas, busca en ellas los pasos perdidos, escucha al atardecer, y sí nada comprendes todavía, entonces el viento habrá de repetirte lo que no has querido aceptar.
El tiempo ha pasado entre nosotros, y la vida con algunos de sus colores, sigue en el mismo lugar en donde la dejaste. Continuo escribiendo, no se sí mejor o peor, y la puerta cómo te lo dije alguna vez, permanece abierta por si quieres volver.
Quiero que sepas que aprendí a apagar la estufa, y que cuando lo hago me acuerdo de tí. También aprendí a preparar café.
Luis Carlos Bonilla Sandoval – (Santa Elena, Abril 19/2009)
miércoles 22 de abril de 2009
QUISIERA SABER




Quisiera saber si mirarte en silencio es distancia ó es preludio,
saber si sabes que en mi amor mudo hay otras cosas.
Quisiera saber si duermes, o voy en contravía,
saber mis sueños tuyos y tu boca mía.
Quisiera saber si eres hoy y serás mañana,
saber si puedo soñar que existes, o te olvido.
Quisiera saber si sabes que amar es sinónimo de dos,
saber si eres en mi vida la respuesta que esperaba.
Pero si no lo sabes o lo callas, saber no es sólo un verbo,
saber también es sentir, que al fin nos entendemos.
Luis Carlos Bonilla Sandoval – Abril 11/2009
viernes 17 de abril de 2009
EL LOCO DE LOS CINCOS

Yo sé que estoy piantao, piantao, piantao…No ves que va la luna rodando por Callao;
que un corso de astronautas y niños con un vals,
me baila alrededor… ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!”
Balada para un Loco (Horacio Ferrer)
¡Hey Charlie! Decíme que estás bien bacán, que no tenés frío, y que los achumados de siempre no vinieron anoche a colocarte cigarrillos ordinarios en los dedos. Decíme que los intelectuales abacanados no han venido todavía a joderte con las cámaras de televisión, los discursos repetidos, y el cuento del festival del tango en tu homenaje y tales.
Con la puntualidad de siempre, este es quilombo que escucho desde mi ventana a las cinco de la mañana antes de que empiece el noticiero radial. Me he acostumbrado a la perorata del hombre que se esconde detrás de un árbol, y que “tiene medio melón por cabeza, las rayas de la camisa pintadas a la piel, dos medias suelas clavadas en los pies, y una banderita de taxi libre levantada en cada mano”. Una mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizonte en el viaje a Venus como lo escribió Horacio Ferrer.
Es un loco lindo, es mi reloj despertador, aunque no sé si los demás vecinos lo sientan como propio, yo lo siento mío. Vivo solo, pero esto no me importa. Así también soy feliz. Nunca me preocupé por acoyarme y mucho menos por dejarme abrancar. No tengo perro que me ladre, voy y vengo como el viento, y cuando el loco me recuerda a Carlitos, lloro por las cosas que me gustaban y que ahora solo me conmueven.
¡Hey Charlie! Bajá de tu pedestal, no sigás embretado en tu porteña soledad. Mirá que si no tenés gomina, y no te para bolas una feba de la Cuarenta y Cinco, solo tenés que prender un faso de los que te dejan los borrachos que suben en primera cuando van a la casa pensando en la disculpa que le dirán a la percanta que los espera desde ayer en la catrera. Viejo, mantené la sonrisa de siempre, y ya. Te juro que si te sentís mal, vendré con un poema y un trombón viejo a desvelarte el corazón amigo Charlie, y perdoná si te falto el respeto y no te digo Don Carlos Gardel, pero es que yo a mis amigos los trato con confianza.
Son las seis de la mañana. Lo sé porque el Loco de los Cincos ha terminado de hablar con Carlitos, y el noticiero ha interrumpido para darle paso a la publicidad.
Afuera el estruendo metálico de los buses que suben y bajan, el humo y la polución que sale de sus tubos de escape, el grito destemplado del médico que arregla la depresión, los chismes alzados de la mujer que sale todos los días con una escoba a barrer el andén y a esperar con quien alacranear, los semáforos locos que dan tres luces celestes, las ofertas de muebles para pagar a crédito, las canciones que salen de la vitrola del bar que no cerró, el olor a manteca rancia que se desprende de la fritadora de pasteles, la humedad de los techos, el sonido que producen las puertas de las casas de empeño que esperan la llegada del parcero con el botín y las biyuyeras, el bullicio de muchachas que bajan presurosas para el colegio, las carreras de los varones que van para el laburo y al final los pasos largos de la secretaria que será recogida por su jefe en la esquina de la frutera donde las naranjas le tiran azahares al Loco de los Cincos.
La mañana sigue en el mismo lugar en el que la dejé cuando me fui a preparar el almuerzo y a escuchar el radioperiódico del medio día. No avanza, y por el sonido seco como de cabeza rota que entra por mi ventana, se que los bacanes están siguiendo la trayectoria interminable de una bola de billar, y es muy seguro que el lustrabotas con su baranda que espanta, les esté ofreciendo como todos los días, el betún que se necesita para que los tamangos luzcan como nuevos.
En los bares ya no hay malevos ni pillos. Ahora hay fajados.
Nada es igual en las calles del destino ingrato. Lo único que ha cambiado es la casa de Carlitos, aunque dicen por ahí que para el festival de tango de Medellín, le van a meter biyuya para que luzca como en sus mejores años.
Las seis de la tarde. Las edificaciones de la Avenida Oriental se adornan con sus mejores sombras y silencios, y los habitantes que esta mañana bajaron presurosos por la calle principal del barrio, suben cansados con sus historias bajo las pilchas. Yo no sufro de esos avatares. Mis sueños siguen intactos. Soy libre.
Las nueve de la noche. La radio anuncia un festival de tango para la gente linda, y yo pregunto sin poder hacer nada:
¿Acaso no tienen derecho a soñar con María de Buenos Aires y los adoquines de San Telmo los que se le trepan a la ternura de locos que hay en los locos, y en el Loco de los Cincos?
Silencio en la noche, ya todo está en calma, y desde mi ventana del barrio Manrique en Medellín, puedo ver a Carlitos embretado lejos de su Buenos Aires querido y de la niebla del riachuelo que lo amarró al recuerdo, lejos de los barcos carboneros que jamás van a zarpar, y de su Abasto donde aprendió a cantar para que se le escuchara mejor el día que sus ojos se cerraran y que el mundo siguiera andando. A pesar del frío sonríe como todas las estatuas. Tiene su gomina y luce sereno. Los borrachos le han llevado cigarros, y las viudas flores y peticiones escritas en papelitos que han dejado en las hendijas de los muros enrejados que lo rodean.
¡Hey Charlie! ¡Hey viejo Charlie! ¡Te vine a brillar las placas mijo, con este pañito nuevo! Vos sabés parcerín que conmigo no hay pierde, conmigo todo es a lo bien. Y si no había venido antes a darte la vueltica, es porque andan diciendo por ahí que van a recoger a los linyeras pa’ llevarlos al manicomio pa’ que no los vean los turistas que vienen a lo del festival. Pero fresco mi llave que estoy mosca, no me jaboneo. A mí no me pillan así de una. Viejo Charlie, así que salí a volar conmigo, subite a mi ilusión super-sport, y vamos a correr por las cornisas con una golondrina en el motor, y fresco mijo que yo lo traigo a su pedestal antes de que suba el primer bus pa’ que se pueda abrir a los amores y pueda recibir más tarde el homenaje del alcalde y del cónsul de Argentina, y si no querés salir conmigo en el noticiero, yo me abro y nos pillamos después. ¿Tolis?
Y el Loco de los Cincos se fue silbando calle abajo con su pañito rojo en la mano, y con el pucho de la vida apretado entre los labios, y cuando llegó a la esquina de la frutera, levantó el pulgar en dirección a la estatua de Carlitos el solitario, y le gritó con alegría que lo quisiera pa´ siempre así, piantao, piantao, piantao.
Son las cinco de la mañana de cualquier día, y el Loco de los Cincos no apareció para hablar con Carlitos.
Seis de la mañana del mismo día.
La radio está anunciado en su segmento de noticias de última hora, que en la madrugada de hoy durante una batida de orates e indigentes que realizaban las autoridades con el ánimo de mantener limpios los lugares turísticos de la ciudad de Medellín durante el festival de tango, un hombre al que le decían el Loco de los Cincos se había subido a la parte más alta del Edificio de los Espejos para que no lo atraparan, y que después de muchos intentos de persuasión por parte de los bomberos voluntarios y de la policía, se había arrojado desde una cornisa con una banderita de taxi libre levantada en cada una de sus manos, y gritando que lo dejaran tranquilo, que solo quería atrapar una golondrina para llevársela a Charlie el solitario una madrugada de festival.
Luis Carlos Bonilla Sandoval (Medellín, junio 19 de 2008)
Imágenes de Alicia Toscano ´(Internet)
jueves 16 de abril de 2009
ESTO Y MUCHO MÁS






Mi lucidez solo retorna cuando pienso en ti barrio distante,
cuando te siento el padre putativo de los que negamos la posibilidad de ser adultos,
cuando recuerdo tus esquinas en las que descubrí el sabor del beso que se roba y del beso que se da,
cuando reinvento tus calles por las que corrí detrás de un balón mientras pensaba en mi primer amor.
Barrio:
Eres refugio de cinéfilos solitarios que le huyen al DVD y a las palomitas de maíz hechas en horno micro ondas,
eres la musa para los escritores que buscan salir del anonimato,
eres tribuna abierta para los poetas y marxistas,
eres la oscuridad perfecta para los amantes a escondidas y el grafiti,
eres la aventura que vende la prostituta de la esquina,
eres el vidrio roto de una ventana indiscreta.
Barrio:
No te lo dije nunca, pero me gustas cuando te conviertes en el paraíso de los locos que miran tu luna en noche de vampiros,
y que lo mejor de todo, si no te lo han dicho todavía,
es que todos sin tenerte, tenemos cabida en tu regazo.
Luis Carlos Bonilla Sandoval – Abril 1/2009
Fotografías: Paula Andrea Pinzón Bonilla - Santiago de Cali 2009
jueves 9 de abril de 2009
YO VIVO EN UNA CIUDAD


Yo vivo en una ciudad, donde la gente aún usa gomina, donde la gente se va a la oficina, sin un minuto de más. Yo vivo en una ciudad, donde la prisa del diario trajín, parece un film de Carlitos Chaplin, aunque sin comicidad…”(Yo vivo en una ciudad/Pedro & Pablo)
-El día está duro para trabajar. Es hora de irme a casa- dijo el mimo. Por primera vez en muchos días de silencio, en los que lo más representativo habían sido los nuevos gestos aprendidos en un documental sobre Marcel Marceau que había visto en la televisión, y que había llevado felizmente a la práctica, hoy estaba comprendiendo que en el tercer mundo era imposible vivir del arte, y que tenía que llorar, porque el que no llora no mama.
–Debo lavarme la cara. Así como estoy, no puedo tomar el metro. Quien va a creerme que el asunto a esta hora va en serio. Le voy a pedir a Martha, la dueña del burdel, que me dé permiso para hacerlo- dijo mentalmente. Llevaba más de cuarenta y cinco años sobreviviendo como mimo, que se olvidada por momentos que podía hablar.
-Sí. Ya sé a qué vienes Momi. Entra y demórate lo que quieras. Hoy tengo agua caliente, y podrás encontrar un jabón nuevo, y toalla limpia. Verás, todo estaba previsto para la pareja del cuarto sesenta y nueve, pero parece que todavía están entrepiernados-dijo Martha con picardía.
Baltasar Granados hizo un gesto de agradecimiento con las manos, se mordió los labios, y terminó su actuación moviendo la cabeza como un péndulo.
Tenía a su disposición la ducha y todos sus elementos, así que se dirigió hacia el lugar, entró feliz, y se detuvo frente al espejo grande y reluciente que colgaba de una de las paredes, inclinó la cabeza hacia un lado, hizo cara de enfermo, acercó su rostro, y sacó la lengua. La tenía blanca y seca como una estopa.
– Vaya. Estoy enfermo-pensó, luego frunció el ceño, arqueó la boca, agitó los diez dedos de sus manos, y comenzó a abrir una puerta inexistente que traspasó sin prisa para situarse bajo un marco invisible que ubicó frente al lavamanos.
Con toda la lentitud aprendida, giró el grifo, recogió agua entre sus manos, e hizo un gesto de satisfacción. El agua estaba caliente por primera vez en veinte años. El vapor encerrado en el lugar lo motivó a caminar como Carlitos, y en este momento maravilloso que estaba viviendo, supo que todavía, sin que importara para nada sus años de adulto, era un niño que estaba sintiendo ganas de jugar con el vapor condensado, y con las gotitas de agua que resbalaban por la superficie del espejo y la paredes.
Perdido en medio del vapor, buscó su puerta, y cuando la tuvo enfrente, la traspasó para continuar con su juego, pero recordó que del otro lado tenía el lavamanos, y que no debía olvidar el verdadero motivo que lo había llevado al burdel.
Baltasar abrió otra vez el grifo y colocó la punta del dedo índice bajo el chorro de agua, luego lo puso bajo una de sus axilas. Ya estaba bañado del cuello hacia abajo, ahora lo más importante, era lavarse la cara.
El agua y el jabón comenzaron a borrar la pintura y los gestos que bajo ella se guardaban, y sólo cuando vio que en el fondo de los abismos en que se habían convertido sus arrugas, no quedaba ni una pizca de pintura blanca, sonrió satisfecho, y se retiró del espejo caminando hacia atrás.
Cuando el vapor comenzó a disiparse, en el espejo apareció el rostro de Gandhi, quien sin dejar de mirarlo, dijo:
“Ojo por ojo, y todo el mundo terminará ciego”
Asustado, Baltasar trato de traspasar el marco inexistente de su puerta, pero no pudo, y lo peor de todo, era que un nuevo rostro aparecía en el espejo. Tenía al frente a un hombre vestido de negro, y con un puro inmenso en la boca:
“Quién habla mal de mí a mis espaldas, mi culo contempla”
Supo que el hombre en el espejo, era Winston Churchill.
La figura del estadista se esfumó, y apareció un sonriente Héctor Lavoe.
“Todo tiene su final, nada dura para siempre…”
Cómo en los casos anteriores, un nuevo personaje se materializó, y el mimo supo que éste era Charlie Chaplin, quien quitándose el sombrero, y girando el bastón varias veces, exclamó:
“Existe algo tan inevitable como la muerte: la vida”
Baltasar estaba desconcertado ante los hechos, y hasta llegó a pensar que todo lo que le estaba sucediendo, era producto de su mal dormir, y de las muchas hambres atrasadas que tenía entre pecho y espalda.
Ahora, ante sus ojos, tenía una figura que jamás podría olvidar. Ahí estaba su maestro, el gran Marcel Marceau.
“El silencio no existe…En el escenario habla mi alma, y ese respeto al silencio, es capaz de tocar a la gente más profundamente, que cualquier palabra”.
Baltasar Granados sintió que su cuerpo no aguantaba más, y entonces pensó que lo mejor era cerrar su puerta, salir del lugar, y largarse para su casa, pero antes de hacerlo también pensó que la vida, en medio de tantos sobresaltos, le había enseñado algo, y que ése algo era una frase célebre, su frase, que bien podía ser recordada por la historia cuando él mueriera de lo que se mueren los hombres importantes:
“Mierda. Ya son muchos años en este oficio. Hora de apagar las luces y bajar el telón. No me cabe una arruga más, y estoy teniendo serios problemas de personalidad”
Luis Carlos Bonilla Sandoval – Abril 9 de 2009
miércoles 8 de abril de 2009
UNO MÁS UNO, ES UNO

Puedo ser cómo tú quieres, si lo quieres,
puedo ser parte de tu ayer, puedo ser hoy.
Puedo ser el agua de tu oasis, puedo ser desierto,
puedo ser hielo, puedo ser fuego.
Puedo ser noche, puedo ser día,
puedo ser fiesta, ó melancolía.
Puedo ser tú, puedo seguir siendo yo,
pero sólo si tú quieres, y me quieres, mi esencia de juglar yo cambiaría.
Luis Carlos Bonilla Sandoval – Abril 8 de 2009
OJOS



“…Adormece los peores males,
todos los éxtasis convoca;
para musitar largas frases,
no necesita palabras…”
El gato - Las flores del mal ( Charles Baudelaire)
Sin verlo lo percibía, y esto sin el menor asomo de dudas, era un sinónimo del verbo extrañar que guardaba en su diccionario de sinónimos y antónimos. Pienso que aunque manejaba su propio silencio, había descubierto dos más: El que se experimenta cuando se está sólo, y el más triste de los tres, y que se siente cuando los lugares han dejado de ser comunes.
Yo debía aprender a mirar la vida y la ausencia con sus ojos para saber a que atenerme cuando estuviéramos frente a frente, pero él no estaba en este mundo para enseñarme a diferenciar. Es más, nunca consideré que debía aprender de sus enseñanzas llegadas desde del Egipto milenario.
Sólo cuando lo tuve cerca por la primera vez, supe que en el fondo de sus ojos estaba el secreto para aprender a mirar el movimiento de la vida con lógica, y la humildad que se necesita para escuchar.
¿Pero realmente volvería a verlo en el plano real aunque fuera una vez?
Sekmet llevaba viviendo desabrigado muchos días, quizás más de treinta, olvidado casi su nombre, y desconocido por todos los objetos sobre los cuales reinó. Sólo la noche y los elementos que se desencadenaban cuando los días cambiaban de nombre, hacían parte de su mundo.
Me encontraba en sus dominios, desde algún lugar me observaba, pero estaba claro que no nos pertenecíamos, que entre los dos sólo cabía una pregunta:
¿Quién es usted?
Durante el tiempo de mi retiro voluntario en las montañas, supe también que todo lo escuchaba amplificado, y que yo a duras penas percibía los sonidos en la medida que la evolución de mi especie me lo permitió, y a esto también le sumaba que tampoco sabía ni un ápice del misterio de su mirada, y mucho menos la medida de sus pasos calculados.
Los días pasaban entre nosotros, y su presencia, aunque impalpable, valga la paradoja, se hacía más evidente, tanto que comencé a escribir con pasión sobre el amor, el desamor, la egolatría, la irresponsabilidad y el egoísmo, dejando en cada renglón mi soledad.
Y fue esta última sensación tan común y tan abundante para nosotros por esos días, la que hizo el milagro una mañana gris en la que lo más gratificante hubiera sido el amor sin importar su procedencia.
Regresaba a su casa confiado creyendo que ahora, como en el ayer distante, le iba a sobrar compañía, y que el puente de madera que nos separaba, era el final del arcoíris en donde todo podía ser posible. Si, ronroneaba feliz, mientras que yo huía cobardemente llevándome el puñado de calor humano que le estaba haciendo falta, y que con vergüenza intentaba esconder en uno de mis bolsillos.
–Sekmet, ven- le dije. El sabio me miró desde el otro extremo del puente con una nostalgia ambarina que nunca pudo dibujar artista alguno, pero de la que pude extraer la pregunta que hoy me persigue por donde quiera que vaya:
-¿Díme, por qué ocultas tu mano?-
Luis Carlos Bonilla Sandoval – Santa Elena, enero 2009
Fotografías: Paula Andrea Pinzón Bonilla (Parque Gato de Tejadita - Santiago de Cali)
martes 7 de abril de 2009
DILEMA






Caminé tus fronteras pronunciando tu nombre,
indocumentado como siempre quise,
atrapando alegrías entre montes y valles,
soñando tus ojos, pensando en tu boca, jugando en tu pelo,
a tu lado mi amor, sentía la vida.
Velando tu sueño sentí que te amaba,
y fue sólo hasta entonces que busqué refugio en tu pecho.
-¿Escuchas mi corazón bajo el Vesubio amigo mío?
-Escucho tu corazón, siento que explotas-
-Entonces camina mi piel, hazla muy tuya, viaja sin prisa,
deja tus huellas, bebe mi sangre,
y no preguntes si habrá sol en mi lecho…cuando suba la tarde, los dos moriremos.
Bebí de tu vida, me quedé en tus besos,
cerré mis ojos en la otoñal penumbra,
busqué el aroma que imaginé en tus senos, luego tu puerto… mi melancolía.
No eras mi amiga, no era tu amigo,
éramos uno... y uno de los dos hoy moriría.
Tuve que morir por haberte amado,
pero quiero que sepas antes del olvido,
que no fui irresponsable, respeté la vida,
que fue primero mi amor, luego el deseo,
que no es egoísta quien muere en el placer sin freno,
egoísta es quien calla en vida... lo que el corazón le dice.
Luis Carlos Bonilla Sandoval – Abril 7/2009
domingo 29 de marzo de 2009
NOCHE NO TE VAYAS





He sentido la necesidad de pintar las líneas de tu cuerpo, y de pedirle a mi tristeza que te diga muy despacio, y al oído, que quiero llorar porque sin quererlo me estás dando la vida.
Imaginándote en las sombras te he dicho “te quiero” sabiéndote mi amiga.
He robado la penumbra que encierran tus ojos, he sembrado anclas en tu talle hasta sentir tus huesos, he guardado tu recuerdo para que trascienda mi alma torturada.
Durante mi marcha por tu piel al compás del tictac profundo y sin color de un reloj distante, tus besos me llevaron hasta los humedales que nacen donde termina tu vientre. Has gemido sin pronunciar mi nombre, y embriagado de ti, ya imagino mis noches solitarias con tu nombre apretado entre mis puños.
¿Podré volver a caminar entre tus pasos?
¿Podré volver a vestirme con tus huellas?
Caminé tus hombros después de besar tus cejas, no sin antes hacer mía la punta de tu nariz casi perfecta.
¿Puedo darte un beso?
Me dijiste que sí, y yo como si presintiera que puedo hacerme daño en el destino incierto del abismo de tus labios, lo hice con lentitud tratando de grabar para siempre en mi alma tu sabor soñado.
¿Me regalas un beso que jamás pueda olvidar?
Lo hiciste como se despide a un marinero que ha bebido sus nostalgias en un sordo cafetín.
El viento está lejos. Escucho su llamado. Me espera más allá de las fronteras de tu reino.
Ya la noche se ha pintado de amanecer, y luce su vestido salpicado con los grises de la bruma. Debo partir para evitar las aguas negras de Estigia, y las intenciones repetidas del barquero, pero no he podido hacerlo. Has entrelazado tu cuerpo con el mío desnudo.
Noche no te vayas.
Su perfume ausente y los besos que para ella inventé,bien lo sabes, son parte de un instante que construi con letras de canciones, y si acaso no la vuelvo a ver, por favor dile que fue mi muchacha, mi tristeza, mi fruta jugosa, la miel en mis ojos, el dulce en mi boca, mí tarde serena.
Luis Carlos Bonilla Sandoval – Marzo 27/2009
viernes 27 de marzo de 2009
MÁS ALLÁ DE TODO



“La trigueña Encarnación, cuando se pone a bailar, no hace más que tararear lo que la orquesta interpreta…”(El paso de Encarnación / Larry Harlow)
Esta mañana cuando desperté me vi muerto en mi lecho, pero a diferencia de muchos cadáveres que había visto, el mío era bello, exquisito, y hasta podría asegurar que sólo descansaba.
Al verme tan tranquilo me fui acercando con cierta discreción, pues consideré que de hacerlo con prisa y morbo, podría ocasionar alguna clase de ruido y romper el fascinante momento que estaba viviendo, y por consiguiente ser partícipe de la aparición del olor a tierra húmeda y removida que antecede a la podredumbre.
¿Pero si yo estaba muerto, cómo había muerto?
Era difícil saberlo, pues lo único que recordaba era que la noche anterior, y hasta la madrugada, había estado dándole gusto a mi cuerpo y al espíritu, y que mientras departía con algunos amigos, había visto a una mujer que me cautivó, y que en ese ir y venir de miradas y de ganas, había aceptado bailar conmigo sin conocerme.
Recuerdo que tenía una mirada profunda que permitía ver reflejados en sus ojos cortejos evanescentes de figuras encapuchadas, cuyas siluetas no parecían ser humanas, y que ante este acontecimiento extraño quise liberarme de sus manos, pero desistí cuando me sonrió relamiéndose los labios con la puntita de la lengua:
-Me llamo Encarnación como la mulata de Larry Harlow. No temas. Lo que has visto es lo que nunca te atreviste a aceptar, lo que no hiciste por culpa de la moral que te inculcaron-
Pasó una semana después de nuestro primer encuentro, y dos antes de que me animara a buscarla, y en esta mañana, o quizás noche (los muertos no tenemos horario), recuerdo que al llegar a su casa la besé y descubrí que sus labios eran fríos. Quise tenerla ahí mismo, pero me detuvo mirándome como un animal nocturno y asustado que hace uso del compuesto blanco de su retina, de la superficie reflectora que permite que la luz rebote hacia el frente del objeto para darle a sus ojos una segunda oportunidad de absorber la luz de las imágenes.
-Quiero que me des el calor que guardas en tu boca, quiero que me hagas sentir que estoy viva, quiero que me ames toda la vida, todos los años, los meses y los días-
Encarnación me condujo a través de los valles y las cordilleras que le atravesaban el cuerpo, y fue entonces que aparecieron entre nosotros deliciosos roces provocados por convexidades que nos arrastraron hasta placeres líquidos que se encontraba encerrado en nuestros cuerpos.
Sentí que su piel florecía, y hasta parecía que sus movimientos se habían aferrado a cada uno de sus huesos para que su cuerpo crujiera sobre el mío. Creí ver que había envejecido, que se marchitaba en medio de su blanca palidez, y que el salón en el que nos encontrábamos era un espacio aprisionado por todo aquello que existía en la tierra.
No la volví a ver más.
Con el paso de los días extrañé sus olores, la desolación de su cuerpo, y sus pocas alegrías. Durante muchas noches, el recuerdo de sus ojos tristes y profundos, me acompañaron.
Sin que Encarnación hubiera hecho nada diferente a querer encontrarme, nunca más quise saber de ella, y creo que ese fue mi peor error, pues desde ese día comenzaron mis noches de infortunio y mi lucha contra un ser invisible que se negaba a abandonarme, y que cada noche respiraba mi aire.
Sé que todos los sueños se pueden controvertir sin que importe si las imágenes están desfilando a una velocidad vertiginosa. Pero yo no he soñado los sucesos. He recordado una noche en el tiempo, y ahora lo único cierto es que estoy muerto, que tengo una sonrisa vacía dibujada sobre mi rostro, que mi cadáver ha sido olvidado, que mi boca todavía huele a la boca de ella, lo mismo que mi piel, que no hay aire en el lugar en el que me encuentro, que sólo existe el que se ha quedado atrapado en mis puños, sobre todo en el de la mano izquierda en la que me falta el dedo meñique que Encarnación me cortó una noche mientras dormía acosado por su recuerdo.
Luis Carlos Bonilla Sandoval - Junio 3 de 2007
miércoles 25 de marzo de 2009
DE REPENTE

Para llegar hasta tu reino, viajé durante muchos amaneceres en los cuales tuve que enfrentarme a igual cantidad de horizontes, y durante mi recorrido desperté hálitos vivos y tibios en los que pude observar que el color negro tenía un azul, y el azul un opaco en el que escuchaba llorar a la nostalgia.Luego a tu lado abracé el alba del invierno y sentí tu coraza de flores. Supe que eras cierta y te dije que me gustaría amasar la noche contigo y salir disfrazado en la mañana de horizonte, y que si llegaba otra noche, nos sentáramos en un cacho de la luna antes de amarnos para que me hablaras cuando callabas, porque estabas como ausente.
Hubiera querido decirte que acariciaba la idea de ser tu séptimo sentido, el nudo en tu garganta, la silla que te aguanta, tu peine de color, contar contigo.
También quise decirte que dobláramos las calles para guardarlas en cajitas de colores sin que nos importara la lluvia y el desorden de la gente.
Quise decirte que sembráramos guayabas, quise decirte que quería ser el calcio que te dan tus vitaminas, y que al final, si estábamos juntos, ser el cordón umbilical de tus zapatos.
De repente de la risa se hizo el llanto silencioso y blanco como la bruma, y de las bocas distantes nació el adiós.
De repente de la calma se hizo el viento que de los ojos deshizo la última llama, y de la pasión se hizo el presentimiento, y del momento inmóvil se hizo el drama.
De repente, no más que de repente, se volvió triste lo que se hizo amante, y solitario lo que se había hecho contento.
De la amiga próxima se hizo el amor distante, y se hizo de la vida una aventura errante.
De repente, no más que de repente.
Luis Carlos Bonilla Sandoval – Marzo 24/2009
sábado 21 de marzo de 2009
ARGUMENTOS




-Dígame qué opina de mí, pero no se arrodille- Dijo la guerrera mirándome a los ojos después de haber terminado de grabar las letras de su nombre, el Mei de los de su estirpe sobre la superficie de su Katana, de su Oda Nobunaga como lo repetía durante las pocas noches de luna que me regaló.
No supe que contestar. Su pregunta había llegado en un momento que no esperé vivir a su lado, y hoy irrumpía con toda la furia de la lava.
Dentro de mi corazón no habían argumentos para defenderme. Todos los había gastado años atrás cuando traté de llegar al final del arco iris en donde creí que todo era posible.
Sentí ganas de gritarle muchas cosas, de decirle que hasta ayer había creído que estaba hecha del azúcar que utilizan los gnomos para hacer las alas de las mariposas, y que hoy, mientras me desangraba, descubría que su corazón estaba hecho de jade, pero la amaba demasiado para romper el pacto , y aunque mi piel estaba hecha de rabia, no tuve el valor de decírselo mientras buscaba en sus ojos el amor del que hablan los poetas.
Después de haber esperado por ella durante muchas lunas, perderle el respeto que se había quedado conmigo cuando escribí su nombre con gotas de rocío sobre una hoja de papel de arroz, no es de guerreros.
Luis Carlos Bonilla Sandoval, Marzo 21 de 2009
miércoles 11 de marzo de 2009
DESEOS






Yo quisiera salvar esa distancia,
ese abismo fatal que nos divide,
y embriagarme de amor con la fragancia
mística y pura que tu ser despide!
¡Yo quisiera ser uno de los lazos
con que decoras tus radiantes sienes!
¡Yo quisiera, en el cielo de tus brazos,
beber la gloria que en tus labios tienes!
¡Yo quisiera ser agua y que en mis olas,
que en mis olas vinieras a bañarte,
para poder, como lo sueño a solas,
a un mismo tiempo por doquier besarte!
¡Yo quisiera ser lino, y en tu pecho,
allá en las sombras, con ardor cubrirte,
temblar con los temblores de tu pecho
y morir del placer de comprimirte!
¡Oh, yo quisiera mucho más! ¡Quisiera
llevar en mí, como la nube, el fuego;
mas no, como la nube en su carrera,
para estallar y separarnos luego!
¡Yo quisiera en mí mismo confundirte,
confundirte en mí mismo y entrañarte;
yo quisiera en perfume convertirte,
convertirte en perfume y aspirarte!
¡Aspirarte en un soplo como esencia,
y unir a mis latidos tus latidos,
y unir a mi existencia tu existencia,
y unir a mis sentidos tus sentidos!
¡Aspirarte en un soplo del ambiente,
y así verter sobre mi vida en calma,
toda la llama de tu pecho ardiente
y todo el éter de lo azul de tu alma!
¡Aspirarte mujer... de ti llenarme,
y en ciego y sordo y mudo constituirme,
y ciego, y sordo y mudo, consagrarme
al deleite supremo de sentirte
y a la suprema dicha de adorarte!
Salvador Díaz Mirón (1853 – 1928)
jueves 19 de febrero de 2009
EL VENDEDOR DE IMANES



El tic-tac de los relojes que se encuentran sobre el mostrador, así como la música clásica que transmite la BBC de Londres, hoy como todos los días le han servido de paliativos a Wolfgang Holtzinger Friedrich para enfrentarse al temor de morirse solo, y para mitigar de alguna forma, la nostalgia que siente cada vez que observa la contraseña del boleto que utilizó en el año de 1936 para embarcarse en el “Caribia Express”, un buque alemán de línea regular que salía cada quince días del puerto de Hamburgo hacia Cartagena de Indias.
Aunque nadie en el pueblo recordaba su llegada, algunos aseguraban que coincidía con la recalada de un circo en desgracia que apareció en el pueblo promocionando el ingreso de dos niños con una boleta, y la presentación de una mujer cuya cabeza había sido cortada siglos atrás por los últimos descendientes de Atila según lo aseguraba el dueño del espectáculo a través de un altoparlante.
Tocado con una boina negra que nunca abandona, y con unos anteojos de montura gruesa que continuamente le resbalan a lo largo de la nariz realzándole mucho más su cara de brujo en desgracia, el hombre permanece inmóvil sobre una silleta que pareciera estar embolatada entre las baratijas obsoletas que por años han permanecido amontonadas por todo el almacén. Se siente deshabitado, magro, sin ganas de saber si es hoy ó es ayer, solo el cuchicheo de dos personas que se encuentran cerca de la puerta de la tienda, han podido sacarlo del ensimismamiento en el que se encuentra, llevándolo a fingir un carraspeo con el que espera llamar su atención. Sabe que necesita de los clientes para subsistir, y que si no logra vender uno de los tantos imanes que mantiene guardados en frascos de colores, no podrá comprar provisiones, y mucho menos enviar una carta a la BBC de Londres en la que solicitará que lo complazcan con canciones de Enrico Caruso.
-¿Mamá porqué no entramos a la tienda del mister?- preguntó un niño que ha estado tratando de mirar hacia el interior del bazar.
-No insistas, no vamos a hacerlo. Ya te dije que en ese lugar no hay nadie ni nada que valga la pena. Ahí solo hay desorden, chécheres viejos, aire del siglo pasado, y olores rancios que viven escondidos en los rincones en medio de las trampas para atrapar ratas, y nada de eso se puede comprar porque enferma- Contestó la mujer cubriéndose la nariz con un pañuelo que ha sacado del corpiño.
-Pero…como puedes decir que no hay nadie si me pareció ver que detrás de los corotos que están sobre el mostrador, algo se movía- dijo el chico abriendo desmesuradamente los ojos.
- Ya te lo dije. Seguro son ratas. Debe haber cientos de ellas.
-Pero…yo vi una cara blanca, y creo que era la del mister- insistió el niño.
-Lo que viste fue una jarra de peltre o quizás un gato viejo-le contestó la mujer retorciéndole una oreja para que no hiciera más preguntas.
-Mira como eres- gimió el chiquillo. -Me habías dicho que hoy entraríamos a la tienda a conocer un imán, y lo único que has hecho desde que salimos de la casa, es regañarme y darme cocotazos- La mujer guardó silencio por algunos segundos, luego mirando al niño le dijo:
-La única verdad que existe para que no entremos, es porque dicen que ese viejo sinvergüenza se mantiene casi que desnudo para que le vean las verijas de cabro que tiene, y además porque según lo cuenta mi madre, hace muchos años tuvo un aparato del que brotaba música, y que por culpa de ese artefacto, no se casó con un médico de la capital, y yo tuve que conformarme con un padre guitarrero que llegaba todas las madrugadas a la casa dándose contra las paredes-
Subiéndose sus pantaloncillos de sarga y bocapiernas estrechas más arriba de la cintura, Wolfgang sonrió al escuchar los reclamos del niño y la cantaleta de la mujer. Poco le importaba haber perdido la posibilidad de hacer alguna venta que le hubiera permitido cubrir sus necesidades. Hoy, al otro lado del continente europeo, lejos de su patria, había descubierto que más importante que vender y vivir, era bailar en la boca del prójimo.
Luis Carlos Bonilla Sandoval (Medellín febrero 14 2009)
INVICTUS

Desde la noche que sobre mi se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia
nadie me vio llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.
William Ernest Henley (1849 – 1903)
Después de escribir una copia del poema Invictus escrito en el año de 1875 por William Ernest Henley, Timothy McVeigh de 33 años se despide, y muere en silencio con los ojos abiertos, y respirando profundamente a las 07:14 del 11 de Junio de 2001 en la prisión de Terre Haute, Indiana, después de que le fuera aplicada una inyección letal compuesta por Tiopental Sódico, Bromuro de Pancuronio, y Cloruro de Potasio. Había sido condenado a muerte por el atentado al edificio Federal Alfred P. Murrah
lunes 2 de febrero de 2009
SOBRE TI TODAVÍA

Yo amo en ti
la aventura del barco navegando hacia el polo
Yo amo en ti
la audacia de los autores de grandes descubrimientos
Yo amo en ti lo lejano
yo amo en ti lo imposible
Entro en tus ojos como en una selva
toda llena de sol
Y sudoroso, hambriento e iracundo
aliento la pasión del cazador
por morder en tu carne.
Yo amo en ti lo imposible
pero de ningún modo la desesperanza.
Eres mi servidumbre y eres mi libertad
eres mi carne que arde
cual la carne desnuda de las noches de estío
Tú eres mi país
Tú, con estrías verdes en tus ojos castaños
Soberbia y victoriosa
tú eres mi nostalgia
de saberte inaccesible
en el momento
en que te alcanzo.
Nazim Hikmet - Duro oficio el exilio
Fotos tomadas de Internet
domingo 1 de febrero de 2009
EL SUICIDA

Junto al cadáver de un suicida se encontró una carta dirigida al juez en los siguientes términos:
Señor juez:
No culpe a nadie de mi muerte. Me quite la vida; porque en dos días más que hubiera vivido, no habría sabido quién soy en realidad.
Verá usted:
Tuve la desgracia de casarme con una viuda. Esta tenía una hija; de haberlo sabido, no lo hubiera hecho. Mi padre para mayor de mis desgracias, era viudo y para agrandar mis desgracias, se casó con la hija de mi mujer, de modo que mi mujer era suegra de mi padre, y mi hijastra se convirtió en mi madre, y mi padre, en mi yerno.
Poco tiempo después, mi hijastra trajo al mundo un varón, que al mismo tiempo se convirtió en mi hermano; de manera que yo era su abuelo por ser nieto de mi mujer.
Con el correr del tiempo mi esposa trajo al mundo un varón, que además de nieto, era hermano de mi madre, por lo tanto cuñado de mi padre, y tío de mi hijo; mi madre era suegra de su propia madre, y mi padre es mi hijo, porque yo soy abuelo de mi hermano; mi padre y mi hijo son hermanos, mi hijo es mi tío, mi mujer es mi abuela por ser madre de mi madre, y como yo soy el esposo de mi abuela, yo soy mi propio abuelo.


Imágenes tomadas de Internet
miércoles 28 de enero de 2009
No quiero ser adulto

Pero aquí estoy en pleno siglo XXI firmando mi confesión frente a la pantalla de plasma de un computador, desnudando mis debilidades de adulto, y estrangulado por un mal urbano que los matasanos llaman stress para estar a la moda, salir del paso y cobrar.
¿Pero puedo tratar estas enfermedades con algún remedio de esos que dicen tener guardados en frasquitos de colores los poseedores de la verdad revelada?
Creo que no. Hace mucho tiempo que la maquinaria del estado me convirtió en un número de identificación que sólo será borrado de sus archivos cuando me muera, la sociedad no cree mucho en los que utilizan jeans, y mucho menos si todavía creen en el “Peace and Love”, y en el “Make Love no War”, y para completar el panorama y la desubicación, ahora mueren en Palestina los que morían en Bosnia, la luna no es de queso, la capa de ozono está rota, y el Niño Dios de este siglo vive en almacenes de cadena, contesta las cartas por internet, y juega Play Station III
lunes 26 de enero de 2009
Mi cadàver exquisito
Parado frente a mi cadáver descubrí que para suavizar el rictus de la muerte, y la rigidez post- morten que se había aposentado sobre mi cuerpo, sólo tenía que mover la boca, cerrar los ojos, aflojar los músculos, estirar mis brazos y piernas, y así, mi cadáver cambiaría.Lo que no tenía claro, era que iba a hacer para eliminar el olor a cadaverina que flotaba en el ambiente, y que amenazaba con ahuyentar del velorio a mis deudos y a mis amigos.
Luis Carlos Bonilla Sandoval - 2007
jueves 22 de enero de 2009
CUERPO PRESENTE
Han pasado más de diez y ocho horas desde que fue hecho prisionero, y ya sabe que cuando muera, su alma traspasará los límites del mundo en el que los pájaros son buitres gigantescos que se devoran a los hombres. También tiene muy claro que antes de que esto suceda, devolverá a Hermes la espada que le confió para que decapitara a la nueva Medusa.
Con la mirada fija sobre una de las paredes del cuarto en el que se encuentra aislado, pero con su espíritu vagando por los Andes, ha comenzado a revisar mentalmente todos los instantes de su vida, incluyendo el que le precedió a su captura. Reconoce que se ha equivocado en la estrategia empleada con sus hombres en la quebrada, pero no en la cimentación de los ideales sobre los que construyó su vida mucho antes de haber iniciado su viaje por la América de todos, y mucho antes de que otros lugares clamaran su presencia.
En esta mañana la muerte lo ha estado aguardando agazapada en un rincón, pero su llegada inevitable, sólo es un referente, una fecha que comenzará a tener vigencia después de que sus captores se hayan jugado la imagen de sus últimos momentos, el tiempo que ha mantenido encerrado en su reloj de pulso, así como las pocas pertenencias que le confiscaron cuando fue aprehendido.
En esta tarde a pesar de su estado lamentable y de la soledad que todo lo invade, su cuerpo está teñido con todos los colores del mundo: verde está la camisa y negro perforado el pantalón, su piel curtida por el sol de muchos lugares, es de todos y no es de nadie, sus venas son azules, su sangre es rojo sangre, sus ojos brillan como relámpagos en lontananza, es noche y es día, es arriba y es abajo, es negro y es blanco, sus manos son un arco iris, y la bandera de su barba y de sus cabellos desordenados, ya tiene el ondear de los estandartes que los semidioses llevan en las batallas.
¿Pero acaso estaba vivo todavía?
Se encontraba en un mundo transitorio en el que su mente se había separado de su cuerpo para viajar a lugares desconocidos en los que sus ideales vivían más allá del tiempo y de sus asesinos. Desde su bilocación extra corporal se ha enterado de que sus manos pasarán por muchas manos clandestinas antes de encontrarse con sus huesos en un lugar cerca al mar de un país que lo acogerá como un hijo.
En esta noche de agonía ha querido tocarse, estirar sus manos y dejarlas resbalar desde sus ojos hasta los pies, pero sabe que su cuerpo no aguantará un nuevo reconocimiento, aunque haya preparado sus músculos y sus huesos para llegar hasta los límites en donde el dolor se convierte en imaginación. Sabe que tendrá una existencia más allá del asma que lo agobia, de la muerte con la que nacen los hombres, de la carne putrefacta y de los huesos descarnados, y que las huellas y las palabras dejadas en la tierra de los hombres durante sus treinta y nueve años de existencia, le ayudarán a alcanzar la inmortalidad después de que haya muerto con el orgullo y la altanería de los guerreros.
Domingo13:10
Lleva pocas horas de haber muerto, pero le han dicho al mundo que son muchas, que apesta, que fue derrotado por la selva antes de comenzar la contienda. Pero ellos, los verdugos, saben que no está muerto porque sonríe mientras todo lo mira, que jamás desaparecerá aunque haya sido asesinado, porque su muerte física sólo permanecerá en la faz de la tierra durante el tiempo que vivan para contársela con mentiras detalladas a la historia. Lo han sentido mientras le disparaban cobardemente a las piernas y al pecho, luego mientras le cortaban las manos sintieron que Ramón vivirá eternamente como el Hombre Nuevo en muchos corazones y en ninguno, que se convertirá en ícono, y que antes de bajar a la tierra, en la Higuera comenzarán a llamarlo santo.
Luis Carlos Bonilla Sandoval (Medellín/Enero 22 de 2009)
sábado 17 de enero de 2009
EL VIEJO QUE LLEGÒ DEL MAR
La primera vez que supe de su existencia, me encontraba como era mi costumbre, caminando por los acantilados en las playas del Rodadero, y recuerdo que ese día lo vi flotando a la deriva cubierto de algas y caca de pelícano, lo que me llevó en un principio a confundirlo con el tronco de un árbol viejo.
En esta mañana, desde el lugar en el que me encuentro tratando de no perder ninguno de sus movimientos, me doy cuenta de que después de haber estado bronceándose por horas sentado sobre una silla de lona, se ha adentrado en el mar, pero que sólo lo ha hecho hasta el lugar en donde las olas lo golpean suavemente, y que cubriéndole los ojos, lleva los espejuelos ahumados que me intimidan.
No se ha quitado en ningún momento los calcetines azules que utiliza como zapatos, y además trata de cubrir los caracoles arracimados que penden de sus verijas, con unos calzoncillos ensopados que me han permitido apreciar su exagerada delgadez de almendro seco, y la extraña protuberancia muy brillante por cierto, que pareciera estar emergiendo al lado derecho de su estómago arrugado.
Permanece inmóvil con el agua un poco más abajo de las rodillas, quieto y torcido su ojo izquierdo, quizás insomne el derecho, entreabierta su boca, descolgada la mandíbula, y por supuesto, vuelvo y lo repito, con esos desproporcionados espejuelos oscuros que le permiten mirar a todos lados sin ser visto. Su figura y sus barbas verdosas, me han llevado a pensar que quizás el hombre sea la encarnación moderna del “Monstruo de la laguna negra”, ese tritón aceitunado que vi alguna vez en una película, y que me desveló durante muchas noches cuando era chico.
He sentido ganas de tocarlo mientras se acomoda las antiparras para ver si es real, para decirle que conozco sus secretos, y que no lo perderé de vista cada vez que entre en el mar, pero me he contenido, pues como si tuviera la posibilidad de leer mis pensamientos, me ha mostrado dos hileras de dientes irregulares y filosos que han hecho que desista en mi empeño.
No lograba establecer la fecha de su llegada, pero la relacionaba con las medusas que aparecían muertas a lo largo de la playa, y este fenómeno parecía guardar alguna conexión, pues el día que lo vi a la deriva, además de tener adheridas a su cuerpo plantas marinas y costras de guano, también tenía pegada a su vientre una colonia considerable de pólipos y medusas conocida con el nombre de Carabela Portuguesa, la misma variedad que los ingenieros de Invemar recogían desconcertados cada mañana, y de ser ciertas mis sospechas, estaba obligado a informar a las autoridades locales para que tomaran las medidas respectivas antes de que se extendiera por toda la zona una pandemia ocasionada por la podredumbre de las medusas muertas, y por las que en medio de estertores gelatinosos morían cada vez que el viejo abandonaba las aguas del mar para tomar baños de sol.
El tiempo pasó, y con los últimos coletazos del Katrina, y los olores pegajosos que se desprendían de la manteca rancia de los refritos de mojarra y aceite de coco, la pestilencia desapareció. Consideré que todo volvía a la normalidad, tanto que el viejo dejó de ser visto como una abominación para convertirse en parte del paisaje, y en modelo para los artistas de temporada que dejaron de lado la elaboración de figuras mitológicas y castillos con arena comprimida, para dedicarse de tiempo completo a moldear la figura del anciano.
Un día cualquiera mientras me encontraba en la capital supe que algunos artesanos habían hecho prisionero al viejo una noche mientras caminaba por la orilla del mar con su carga de crustáceos y moluscos adheridos a la piel, y que después lo habían acostado en la playa para luego cubrirlo con una mezcla de arena y cieno, amasijo con el que moldearon su figura de tamaño natural sin que les importara los pataleos y los chillidos de gaviota que salieron de su garganta.
Nunca más volví a saber nada de él, pero para tranquilizarme y dejar de lado el horror que me inspiraba el recuerdo de su imagen, me hice a la idea de que había muerto asfixiado.
Llegó el mes de diciembre, y como todos los años viajé hasta la bahía con la intención de descansar, y por supuesto conocer un poco más del final triste que supuse, había tenido el viejo de las gafas ahumadas.
Cierta mañana, durante una de mis caminatas, escuché a un grupo de pescadores que decían que el mar estaba bajando de nivel, y que mientras recogían sus aparejos a dos horas de camino del tercer espolón, se habían topado con un niño que se encontraba sentado en la orilla del mar sacando agua con un caracol, y que luego vaciaba su contenido en un orificio hecho con uno de sus dedos en la arena.
Como recordaba la historia que me había contado mi madre hacía muchos años acerca de un niño mítico que se encontraba en una playa haciendo lo mismo, y que según la leyenda le había dicho a un hombre con fama de incrédulo que acertó pasar por su lado, “que era más fácil colocar toda el agua del mar en el orificio en la arena, y que un camello pasara por el ojo de una aguja, antes de que un incrédulo ingresara al reino de los cielos”, salí en busca del chiquillo, pensando que el niño de la historia que me habían contado, y el niño del que hablaban los pescadores, podían ser la misma persona.
Después de caminar algunas horas, lo avisté, y puede comprobar que lo dicho por los pescadores era cierto, y que el niño era el causante, puesto que cada vez que recogía agua en el caparazón, el mar se distanciaba de la playa.
Cuando estuve frente al pequeño me agaché, y con asombro pude ver que el orificio por el que vertía el agua, no era otra cosa que la boca calcificada del viejo que sobresalía de la arena. Lo supe porque en el interior de la misma, se veían los dientes filosos que nunca olvidé, y también porque reconocí su cuerpo de almendro seco del que ahora pendían jirones de piel para beneplácito de los caracoles ermitaños que habían convertido lo que quedaba del anciano, en un lugar para ocultarse de sus depredadores, y en una despensa de la que extraían lo que quedaba de sus entrañas.
Interrumpiendo lo que parecía ser un juego, el niño dejó de lado el caracol, me miró sin inmutarse, amplió el orificio de la boca del viejo, se introdujo a través de ella, y desapareció sin dejar rastro.
Luego sobrevino una nueva podredumbre ocasionada por las montañas de peces de todas las especies que aparecieron muertos en lo que alguna vez fue el lecho del océano, y con ellos llegó la peste y la muerte para extenderse más allá del horizonte, convirtiendo la palabra mar en algo prohibido.
Después de ese día, y hasta el día de hoy en el que me encuentro recluido en un hospital siquiátrico, me he seguido preguntando, incluso en las noches cuando persigo cucarachas para alimentarme, que si el niño que vi en la playa, y el de la historia que me contó mi madre habían sido la misma persona, pues de la existencia del viejo del mar no me quedaba ninguna duda. Tenía en mi poder sus colmillos filosos que me colocaba para ahuyentar a los médicos que llegaban con estudiantes de la facultad de medicina a revisar mi caso, y por supuesto para espantar a las enfermeras que me inyectan tranquilizantes, y para evitar sorpresas, bajo el colchón de mi camastro, mantengo oculto su ojo insomne para ver en las noches, y sus gafas ahumadas para mirar a todos lados sin ser visto.
Marzo 5 de 2007
domingo 11 de enero de 2009
ALL YOU NEED IS LOVE
The Beatles
Lennon/McCartney
From The Blue Album
Love, love, love, love, love, love, love, love, love.
There's nothing you can do that can't be done.
Nothing you can sing that can't be sung.
Nothing you can say but you can learn how to play the game
It's easy.
There's nothing you can make that can't be made.
No one you can save that can't be saved.
Nothing you can do but you can learn how to be you
in time - It's easy.
All you need is love, all you need is love,
All you need is love, love, love is all you need.
Love, love, love, love, love, love, love, love, love.
All you need is love, all you need is love,
All you need is love, love, love is all you need.
There's nothing you can know that isn't known.
Nothing you can see that isn't shown.
Nowhere you can be that isn't where you're meant to be.
It's easy.
All you need is love, all you need is love,
All you need is love, love, love is all you need.
All you need is love (all together now)
All you need is love (everybody)
All you need is love, love, love is all you need.
martes 6 de enero de 2009
CUERPO A LA VISTA


Y las sombras se abrieron otra vez
y mostraron su cuerpo:
tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar,
tu boca y la blanca disciplina
de tus dientes caníbales,
prisioneros en llamas,
tu piel de pan apenas dorado
y tus ojos de azúcar quemada,
sitios en donde el tiempo no transcurre,
valles que sólo mis labios conocen,
desfiladero de la una que asciende
a tu garganta entre tus senos,
cascada petrificada de la nuca,
alta meseta de tu vientre,
playa sin fin de tu costado.
Tus ojos son los ojos fijos del tigre,
y un minutos después
son los ojos húmedos del perro.
Siempre hay abejas en tu pelo.
Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos
como la espalda del río a la luz del incendio.
Aguas dormidas golpean día y noche
tu cintura de arcilla
y en tus costas,
inmensas como los arenales de la luna,
el viento sopla por mi boca
y un largo quejido cubre con sus dos alas grises
la noche de los cuerpos,
como la sombra del águila la soledad del páramo.
Las uñas de los dedos de tus pies
están hechas del cristal del verano.
Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida,
bahía donde el mar de noche se aquieta,
negro caballo de espuma,
cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro,
boca de horno donde se hacen las hostias,
sonrientes labios entreabiertos y atroces,
nupcias de la luz y la sombra,
de lo visible y lo invisible
(allí espera la carne su resurrección
y el día de la vida perdurable)
Patria de sangre,
única tierra que conozco y me conoce,
única patria en la que creo,
única puerta al infinito.
Octavio Paz
domingo 28 de diciembre de 2008
DIATRIBA FRENTE AL ESPEJO
Como sabía que me iba a preguntar el significado de diatriba, me aprendí la definición, y de una le dije: Diatriba, según el Diccionario de
Llevaba toda la semana tratando de vomitar sobre un papel mis desacuerdos, mis prédicas en el desierto, y la bronca hacia todo aquello que los sabios de papel insistían en eliminar de un plumazo. Y fue por todo esto que me decidí por el término “Diatriba”, y por sacar a relucir un puñado de verdades que mantenía guardadas desde hacía algunos años, y que me había propuesto sacar a la luz pública cuando me sintiera asfixiado por el mundo de los chicos plásticos, y la pasarela de las que andan por ahí sudando Chanel Number three.
¿Pero mi maestro de literatura lo entendería?
No estoy muy seguro de que le llegara a interesar este purgante, pero a estas alturas del partido, no me iba a quedar con las ganas de juntar un montón de ideas antes de cambiar de base. Sí, iría al taller de literatura con mi “Diatriba frente al espejo”, a ser odiado, mal interpretado, pero lo importante de mi historia era que estaba el espacio para leerla, y un grupo de amigos para gozarla. .
Por todo lo anterior, no voy a comenzar el día como lo hace la gente normal, es decir revisando agendas, cumpliendo citas, escogiendo un traje que salga con el día de la semana, y mucho menos utilizando la crema de afeitar que está de moda. Sí la del recipiente verde que dice “Gel” en letras doradas, y que es anunciada con bombos y platillos a través de todos los medios de comunicación como un producto que invita a disfrutar de islas paradisíacas y de momentos de película con las mejores modelos que se arrojarán en tus brazos buscando tu olor a plástico, y el aroma metálico de las llaves de tu auto de última generación.
Voy a empezar mi día escribiendo lo que siento, no importa si lo hago mal. Lo importante será intentarlo.Ese modelo madrugador y convencional que te describì, lo he rechazado, y ahora te tocará decidir si lo tomas o lo dejas, pues la vida es corta, y es posible que antes de que mueras, te contagies del insignificante mundo que disfrutan en medio de risitas andróginas, los coleccionistas de marcas de muchos productos, los adoradores de la “Degeneración Pepsi”, la gomina, y los que llegarán a tu vida envueltos en las banderas de la mediocridad cantando himnos importados.
Ahora que me lees, quiero creer que la vida de consumo a la que te arrastra la sociedad, no la adoptarás, y que para combatirla, debes retomar las banderas de tu generación siempre fresca, presente e irresponsable. La vida te dará sorpresas viejo camaleón, pues si no te ponés las pilas para sobrevivir, no existirá la más remota esperanza de que mueras en medio de testimonios que valgan la pena, y tampoco sabrás si alcanzaste página entera en el mundo de la prensa amarilla, y si en la boca de los criticones y de los manejadores de “Radio Bemba”, llegarás a convertirte en noticia para la venta, o en un inmoral de esquina para los mal llamados hombres de bien que por desgracia abundan.
¿Y es que la música con la que creciste no cuenta?
¿Qué pasará con ella cuando abandones tu cuerpo?
Con absoluta seguridad que a los melómanos de ahora no les gustarán los acordes de todo aquello que te hizo gozar mientras estabas vivo.
¿Y entonces que harás?
Que no te coja la vida pensando en el mañana. Si esta es la condición con la que vives y para la que vives, en el momento que menos esperas, te convertirás en un individuo serio, y eso si es grave.
Y otra cosa para tener en cuenta:
Cuando mueras, deja por escrito que tus familiares no entreguen propinas al cura de la iglesia.
Como seguramente en muchas circunstancias de tu vida te habrás sentido el “Hombre de ninguna parte”, que esto no te importe. Lo realmente válido será lo que creas, y no te preocupes si tus ideas, así como tus gustos, sean considerados obsoletos por las nuevas degeneraciones sin bandera.
¿Y que pasará con la literatura oral que nació en las esquinas de tu barrio y que después trataste de recoger?
Lo más seguro es que no tendrá cabida en estos tiempos, y lo más seguro, es que muera en silencio sin derecho a pataleo, si es que antes no es exprimida con criterio mercantilista por los vendedores de ilusiones. Tus comentarios y escritos, si no se te aparece un espíritu celestial, irán a parar a rincones sombríos donde nadie volverá a recordarlos, o en el peor de los casos, tendrás que pagar con sangre para que sean publicados, y con esto nadie te garantizará que lleguen a conocerte, ni siquiera en el lanzamiento de tu obra, si acaso lo tienes.
No cambies tu esencia viejo camaleón.
RIP, ya tienes una losa de frío mármol sobre tu pecho.
Es factible que en ese momento estés alcanzando tu verdadera dimensión como escritor, y que quizás empieces a ser leído solamente cuando caiga la última palada de tierra sobre la tapa de una caja que con sacrificios, compraron tus deudos.
Serás pasto y concentrado para tus gusanos tercermundistas antes de un mes, pero antes de morir y ser devorado, escribe para dejar alegrías y verdades a las nuevas degeneraciones que no conocen que hay detrás del reencauche antes de que se convierta en moda. Con absoluta seguridad que nadie les habrá contado como fue el guateque y el goce antes de que todos se plastificaran.
Escribe historias así te digan que el papel puede con todo. Hazlo, no importa si lo que escribes resulta regular o mediocre. Si la historia que tratas de escribir no te fluye de una, pues cuéntala a otros, revívela con tus amigos cada que puedas para que crezca, y para que el legado de tu generación, no quede olvidado en medio de papeles archivados, tecnología láser, o en el interior de un cesto que con absoluta seguridad estará iluminado con cuatro cirios impregnados con el olor de los muertos.
Antes de que todo esto te suceda, solo me queda aconsejarte:
Siembra irreverencia cada que puedas, y no permitas que los necios con su cultura importada, llenen el mundo de falsas alegrías mientras escuchan y disfrutan todo aquello que creen nuevo. No te conviertas en un ciudadano triste y aburrido, no asesines al niño que vive en tu interior sosteniendo tus creencias, si lo hacés, te estará esperando un periódico y no precisamente el de ayer, sino, uno que es el complemento de una poltrona, unas pantuflas viejas, y un camino que se terminará antes de que amanezca. La cultura que te impondrán los medios, será una oscura prisión que gerencia la nueva sociedad.
Afortunadamente soy libre. No vivo para ellos.
Recuerda que la moral que practican los falsos profetas, es más peligrosa que las películas ambientadas con engañosos paisajes pintados sobre telones que servirán para adornar las actuaciones de personajes secundarios que son movidos por los hilos invisibles de un titiritero que a todas luces se cree poseedor de la última palabra, un oscuro conductor del destino y de las estupideces humanas que solo existe gracias a la ignorancia mal manejada. Considéralo un mal locutor de programas radiales de poca audiencia.
Procura estar un paso delante de tus detractores, y nunca prediques ni aceptes la palabra ¡BASTA! Estarás destinado al fracaso, y a cerrar el libro de tu vida antes de que caiga la última hoja del calendario que está detrás de la puerta.
No permitas que te analicen por un embudo, ni entregues tus órganos a entidades sin ánimo de lucro, tampoco permitas que te moldeen, ni que te implanten el cerebro de un hombrecito manejable y fastidioso. Si lo permites, eres hombre muerto, y podrás contar uno a uno los gusanos que se atragantarán con los restos putrefactos de tu carne y tus córneas. Y para que no te extrañe, tus gusanos lo harán retorciéndose en medio del hedor y los nudos de carne descompuesta en que te convertirás antes de caer a la tierra que nunca volverás a pisar. Ten presente que ellos, los pequeños invertebrados tienen también el derecho de observar el mundo a través de tus cuencas vacías, y de transmitir a los de su especie, el legado de sus genes antes de practicar sexo seguro como los platelmintos, sus parientes cercanos.
No digas que no te importa la manipulación ideológica. Si lo permitiste, y aún lo sigues permitiendo, de nada valieron las luchas callejeras con sus pedreas y muertos incluidos, las marchas con la foto del Chè de Korda, las guerrillas urbanas en pantalones de campana que estropearon la vejez de dictadores, las canciones de los Rolling Stones, y las niñas en minifalda.
Niño plástico:
Si nada de esto sabías porque no te tocó vivirlo, pues que te lo cuenten los mayorcitos. Con tus preguntas por una vez sensatas, los harás levantar de las poltronas del conformismo antes de que mueran contaminados por las angustias que generan los relojes, la política, la mala prensa, las corbatas, y los compromisos adquiridos durante el tiempo que han estado tratando de ser buenos ciudadanos.
¡Dile no a la insulsa ramplonería, y aparta de tu vida las ganas de pertenecer al mundo de los facilistas!
Luis Carlos Bonilla Sandoval - Noviembre 21/2003
viernes 26 de diciembre de 2008
LIRIOS DE ABRIL

"Dicen en el pueblo, que un caminante paró su reloj una tarde de primavera. Adiòs amor mío, no me llores. Volverè antes que de los sauces caigan las hojas. Piensa en mí, volveré por ti….”
Penélope/Joan Manuel Serrat
El olor a tierra mojada que le sobrevino al aguacero, ha comenzado a darle paso a un calor pegajoso con olor a muerto, y a la llegada de una inesperada ventisca que trae consigo polvo de carbón proveniente de la mina a cielo abierto ubicada en el interior de la península.
En este ambiente, sentada frente al mar como si hiciera parte del paisaje, se encuentra una mujer vestida de blanco que trata de mantener sobre su cabeza un sombrero que el viento se empeña en arrebatarle.
Ha estado repitiendo esta cita en el malecón durante muchos años, pero la de hoy es diferente a las anteriores. Está cumpliendo ochenta y seis años de edad, y ha terminado de escribir el epílogo de una historia que se inició al otro lado del atlántico.
Con los ojos llenos de ayer, y sus sueños perdidos más allá de la baranda que la separa del océano, sigue el movimiento de las pequeñas embarcaciones que se aproximan al puerto, y espera que dentro de la flotilla, se encuentre el bajel del mes de Abril que habrá de traerle la última carta que escribió hace sesenta y cuatro años, la que como todas las anteriores, habrá de regresar a sus manos después de haber estado dando vueltas en el Caribe.
En esta tarde que sube, y mientras continúa la espera, ha tenido todo el tiempo del mundo para recordar sus años como corista de una pequeña compañía en los suburbios de Paris, las luces del escenario, el perfume mezclado con el olor a tabaco y el sudor a cuchillo que se respiraba en Les Trois Quartiers, así como el tumulto que suscitaba su aparición entre los clientes que asistían al lugar para ver sus veinte años bien repartidos mientras bailaba can-can engalanada con el corpiño ajustado que le resaltaba sus palpitantes pechos, y con el liguero rojo que un marinero le había traído de Felixtowe, y que ella le obsequiara a su compañera de habitación antes de partir hacia el Caribe convencida por los besos y el elaborado discurso de un locuaz ingeniero que la subyugó con historias que giraban en torno al montaje de unos equipos para la explotación de sal en
Fort -de-France, Mars 21, 1948.
“Desembarqué en Le Vauclin como lo acordamos. No tengo un lugar fijo de residencia, pues el poco dinero que me quedó después de entregarte los diez mil Francos que me pediste en Le Havre, se terminó ayer. Contrariando tu petición, estoy trabajando de corista en un burdel que regenta un africano, del que dicen las malas lenguas, es el último eunuco que quedaba en Costa de Marfil, pues ante la disyuntiva de morir de hambre, ó quizás olvidada en un rincón viejo, he decidido subir de nuevo al escenario, ya que de vergüenza no sufro. Quisiera pensar que tu silencio es la consecuencia de las ocupaciones generadas por el montaje de los equipos en
Margaux”.
Mientras escruta la inmensidad del mar, ha recordado su primera carta escrita en español, así como los años aciagos en los que inició su deambular por muchos puertos del Caribe a los que llegaba buscando un amor prometido y perdido, y de los que partìa dejando el traqueteo de sus huesos, y el aroma rancio de perfumes olvidados en pensiones de mala muerte.
Veintinueve de Abril. Seis y treinta de la tarde.
Las imágenes de los mástiles erguidos que minutos antes se reflejaban a lado y lado de las barcazas, han comenzado a darle paso a espectros temblorosos que van borrándose con el ir y venir de las pequeñas olas que arremeten contra las quillas que se van convirtiendo con el paso de las horas en sombras del dolor, y frente a este paisaje que parece haberse detenido en el tiempo, la mujer, como un náufrago del mundo que ha perdido el corazón, ha traído a su memoria el día en el que vio por primera vez el otoño de su vida reflejado en un espejo bebiéndose el brillo de sus ojos verdes.
En esta tarde tan llena de nostalgias, sonríe con atrasada vergüenza, quizás porque considera que en su vida no hay cabida para esta clase de sentimientos, y mucho menos para evocar aquellos que crecieron en silencio mientras escribía las cartas que se convertirían con los años, en el único aliciente que le iba a permitir creer en el amor, aunque el hecho de que una a una le fueron devueltas cada mes, la hayan estado preparando para asumir la viudez por un amor que habrá de morir cuando el capitán de la embarcación que llega el penúltimo día del mes de Abril, le entregue la última carta que acabará con sus ilusiones, y con el amor que le profesó a un fantasma al que le llevará lirios a una tumba inexistente, si es que ella no muere primero.
Treinta de abril. Seis y treinta de la mañana
Sentada en una banca cerca de la baranda que bordea el malecón, se encuentra Margaux amarrada al recuerdo de ese amor que se alejó sin decir adiós. Su mirada llena de bordas de barcas sin amarras que soltar, parece encontrarse extraviada en los vericuetos de la noche que ha quedado atrás. Lleva puesto su vestido de domingo, los zapatos de tacón, y entre sus manos aprieta un puñado de cartas amarillentas, y un lirio marchito que se confunde con el color de la muerte que adorna su piel desde la madrugada.
Luis Carlos Bonilla Sandoval , Mayo 12 de 2005





